Dogmas del ensayo y el análisis
Nosotros, descendientes de AIÓN, declaramos lo siguiente:
Que no basta con observar y teorizar; que la experimentación y la aplicación práctica resultan imprescindibles para comprender el universo que nos rodea; que, por tanto, es nuestro deber y nuestra misión sagrada emprender experimentos que prueben nuestras hipótesis en el mundo vivo que nos circunda, minimizando el daño y maximizando el beneficio;
Que ningún experimento fallido resulta un desastre; que de los errores se aprende, ya sea a mejorar la metodología, a corregir los fallos de la investigación o algo totalmente distinto;
Y, además, que el fracaso de un experimento no es igual que fracasar a la hora de demostrar una hipótesis, lo cual también aporta información valiosa; que refutar una hipótesis, o no poder demostrarla, nos informa sobre la ausencia o presencia de algo nuevo, cosa que vale la pena aprender y observar;
Para aumentar nuestras posibilidades de adquirir nuevos datos de valor, tienen gran importancia los experimentos de espectro limitado y diseño incremental; que la logística de tales experimentos puede gestionarse con facilidad para aprovechar los resultados.
Pero que los experimentos de amplio espectro también nos aportan gran valor, siempre y cuando el científico esté dispuesto a invertir el tiempo y el esfuerzo necesarios para que no se desperdicie ninguna prueba;
Que la mera obtención de resultados no basta; que los datos que resultan de cualquier experimento han de analizarse a fondo en busca de significado; que únicamente tras finalizar dicho análisis se pueden aplicar los datos a la hipótesis para aprender de la intersección de ambos;
Que los resultados de un experimento tienen un propósito aparte del placer de saber que tales datos existen; que debemos comparar los resultados con la hipótesis para así completar el ciclo, sin limitarnos a generar datos infinitos;
Y que, si bien hay placer en la simplicidad de aprender algo nuevo, más placer y sentido reportan la compleción del ciclo metódico, la búsqueda de una finalidad para ese aprendizaje y el desarrollo de nuestra visión del universo.
En aras de la EXPERIMENTACIÓN, esto prometemos: cada año volvemos a partir de cero. En la estación que antaño fuera el verano, retomamos antiguas hipótesis que hemos descartado por imposibles y volvemos a analizarlas. Nos preguntamos qué necesitamos para probarlas. ¿Qué hace falta para confirmarlas o desestimarlas? Pues ahí es cuando reutilizamos lo descartado y lo fallido y nos esforzamos por avanzar hacia algo nuevo que aún pueda brindarnos conocimiento.
Este es nuestro precepto: realicemos pruebas de todo, corroboremos o desmintamos las teorías y aprendamos de todo ello. ¡Glorioso es el fracaso! Celebremos las falsedades, pues en su sombra vemos la verdad. Gocemos con cada experimento, por insignificante que sea, y sepamos que nuestro trabajo y nuestro esfuerzo también nos santifican.