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Notas sobre la hipótesis

El científico Idris quería observar el crecimiento microbiano. Cultivó microbios de varias formas, pero, a medida que crecían, descubrió que, en su afán, no había predicho ningún resultado esperado. Tenía datos, pero eran inservibles. Los microbios respondían a la materia oscura, pero ¿dónde estaba el grupo de control? Proliferaban tanto de día como de noche, pero ¿qué utilidad tenía ese conocimiento? De modo que Idris no tuvo más remedio que empezar de nuevo. Como ninguno de los microbios era apto para pruebas ulteriores, volvió al origen, con instrumental esterilizado y etiquetas precisas, tal como dictan nuestras costumbres. En el segundo experimento, el científico supuso que los microbios se multiplicarían con rapidez en contacto con la materia oscura. Y si bien esta hipótesis se basaba en el conocimiento adquirido en su anterior experimento fallido, logró probarla de manera rigurosa. Aisló una colonia de muestra de la materia oscura y cultivó más microbios en contacto con materia oscura. Pero cuando la decana le preguntó cuál era el factor de multiplicación y qué cantidad de materia oscura era necesaria para que la colonia creciera de la manera más óptima, Idris no supo qué contestar, pues había olvidado incluir los datos concretos en la hipótesis. De modo que el científico no tuvo más remedio que empezar de nuevo. Descartó las colonias con las que había trabajado y regresó al origen, con instrumental esterilizado y etiquetas precisas. Esta vez, antes de emprender la labor, reflexionó largo y tendido sobre lo que realmente deseaba averiguar y lo que podía predecir con mayor exactitud a partir de los datos que poseía. En el tercer experimento, Idris afirmó que los microbios expuestos a una pequeña concentración de materia oscura mostraban mejores capacidades multiplicadoras que aquellos que no habían estado en contacto. Y desarrolló la hipótesis con cifras concretas, cultivando colonias microbianas a partir de una pequeña concentración hasta alcanzar proporciones cada vez mayores. Y cuando se le pidieron los resultados de su investigación, presentó datos irrefutables para que los descendientes de AIÓN cultivasen los microbios de la manera más eficiente posible. Y la decana lo felicitó por haber aportado datos nuevos gracias a la minuciosidad de su trabajo. Le dijo que nuestros hijos, así como los hijos de nuestros hijos, las conocerían como las leyes de Idris; y que nuestros microbios alabarían a la Anomalía. Así pidió que fuera. Y así fue.