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Capítulo 3: El grito que resuena

Seht arde, y el ejército flota a la deriva entre los restos. Te'Qal guía a los qugu que quedan hacia el último portal de salto activo hasta su última estrella segura. No se separa de la manga de mando en todas las semanas de viaje. Se ha dirigido a la flota muchas veces, ha intentado insuflarles ánimos, esperanza…, si es que había alguna. Sus palabras se transmiten en privado, pero carecen de presencia en la mente colectiva de la flota. Van terminando las reparaciones de las naves más dañadas, y el resto espera para saltar. Tentáculos exhaustos se deslizan de la manga de mando mientras esta se despega del cuerpo de Te'Qal. Las piernas y la extremidad anterior se pliegan entumecidas mientras los desechos atmosféricos son expulsados por los tubos sibilantes que sostienen la manga. La sala de mando es pequeña. Te'Qal yace en una hendidura circular en el suelo. La carcasa que hay a su alrededor mantiene la manga y le permite seguir con vida y alerta. En el resto de la nave hay drones, sistemas de apoyo y otros elementos automatizados. Te'Qal permanece inmóvil a causa del agotamiento, en el centro de la hendidura del suelo, con la flota orbitando a su alrededor. Necesita descansar, alimentarse. Pero, sobre todo, necesita orientación. Lejos de una nave arca en la que buscar la ceremonia de una bestia-fauces, Te'Qal presiona una placa en el suelo y libera vapores de néctar en la sala de mando. El nombre Te'Qal comienza a desaparecer, pero mientras sueña, lo conserva en su mente… … Se encuentra en una habitación oscura y abovedada, a cincuenta pasos de Te'Dura: el qugu cuyo tentáculo sacó a Te'Qal del cieno. Quien le enseñó a comunicarse con el linaje de guerreros y a convertirse en un alma en pena que llora en el espacio. Relató las leyendas que domaron estrellas ajenas. "¿Qué pretendes hacer, Te'Qal?". La voz de Te'Dura retumba por la lóbrega estancia. En medio, una pantalla holográfica de grandes dimensiones se hace visible a partir del oscuro y difuso recuerdo. Muestra a dos flotas enfrentadas; una está rodeada. Te'Qal vuelve la mirada hacia Te'Dura, que ahora se envuelve en una manga de mando. "¿Te rindes?". "No". Te'Qal se acuerda de ese día. Derrotó a un oficial superior y se ganó el título de comandante. Era una prueba que supuestamente no iba a superar. "¿No?", pregunta Te'Dura, moviendo uno de sus tentáculos para acercar más las naves. "¿Hasta el final, entonces?". "Me acuerdo de esto. Pensabas que me rendiría y te acercaste, pero entonces hice que mi flota explotara y arrastré a la tuya con ella". De repente, Te'Dura estaba a su lado. "Otra forma de ganar". "He fracasado. No entendí la advertencia de nuestro ancestro", susurra Te'Qal. "Pues presta atención", responde Te'Dura. "Esto", señala con un tentáculo. "Un escenario imposible…". La pantalla muestra ahora otra situación. "Esto," comienza Te'Dura. "La invasión murin, en el borde exterior". Te'Qal ve veinte transportadores de una manga de mando. "Nuestro linaje Te y tus naves acabaron con ellos". La voz de Te'Dura atraviesa limpiamente el sueño. "Tus maniobras…". Te'Qal lucha por mantener el control de decenas de perlas de guerra. Distraídos, los atacantes persiguen a su flota fantasma por todo el espacio, mientras otras mangas de combate pilotadas por qugu sabotean los transportadores murin uno por uno. "… controlar el grupo de combate. ¿Cuántos pueden decir lo mismo? Y cuando por fin te decidiste a atacar…". Te'Dura deja escapar una risa sibilante. "Los cazas no despegaron. Sus armas se habían sobrecalentado. Los escudos no funcionaban. Una sola batalla, y las tornas de la guerra cambian". Te'Qal se retuerce y agita los tentáculos de la crin, como meditando. "He ganado grandes batallas, pero siempre acarrean sacrificios. He evitado algunas pérdidas sacrificándome, pero la colmena…". La pantalla muestra ahora otra situación. Te'Dura ignora las dudas de Te'Qal. Te'Qal atraviesa el espacio en una delgada manga de combate cubierta de sangre. Los tentáculos mecánicos aún están calientes por las descargas de fusión. "Cuando el portal enmudeció…". "Se'Tar perdió la conexión con Se'Ugn. Los qugu se fracturaron. Noté cómo te invadía la desesperación, tal y como te dije", relata Te'Dura. "Tantos años viviendo sin conexión los llevaron a un levantamiento, pero tu determinación le puso fin y tu diplomacia logró la paz. Por eso te convertiste en guarda". Te'Qal recuerda esa determinación de otra forma. Un desacople clandestino de las mangas de combate. Un asalto de lanzas ardientes. "Me lo recuerdas". "No porque lo olvides, sino porque te he visto perder la esperanza antes". Te'Dura se yergue y parece ganar más altura. "Hay victoria en esa oscuridad. Encuéntrala". ***** La flota atraviesa el portal poco a poco. A medida que las naves se alejan de la consciencia de Te'Qal, se van tallando sobre la estructura grabados diminutos que resplandecen como una llama verde jade. Te'Qal cruza el portal y se encuentra con restos de fuselaje y confusión. Las naves arca se resquebrajan e implosionan cuando la tierra sagrada se filtra hacia el vacío. Al otro lado del portal no hallan la última estrella qugu de Se'Otan, sino una barrera de naves ataúd de la colmena alrededor de su nave insignia blanco hueso, acompañadas de la montaña profanada, ahora convertida en un vacío oscuro de malicia tejido en el entramado del espacio. :miedoantiguo: A la sombra de la pirámide, Te'Qal agarra la flota a través de la manga de mando y reúne a los capitanes y los grupos de combate en bandadas defensivas en torno a las naves arca restantes. Rayos de fusión volando en todas direcciones, desgarradores de la colmena perforando las naves de guerra qugu y las mangas de combate como agujas aullantes. El portal ha desaparecido a sus espaldas. No hay ninguna brecha, ninguna vía de escape. Las naves de la colmena superan con creces a su flota. Un reino extraño, un espejo de la realidad, lo envuelve todo. Por cada nave qugu perdida, caen decenas de naves de la colmena e innumerables desgarradores, pero el agotamiento les pasa factura. Te'Qal mantiene firme la flota frente al horror de la colmena, pero su fuerza va menguando. Camina entre el silencio temeroso de sus ancestros. De repente, una temible columna de oscuridad, otra nave de la colmena, desgarra el vacío del espacio e irrumpe en el enfrentamiento, arrollando varias naves ataúd con su casco. Cuando carga directamente contra el buque insignia anular, las naves de la colmena se vuelven para hacerle frente. Las dos naves gigantes intercambian cortinas destructivas de fuego y diezman al resto de naves cercanas con atronadores bombardeos de fuego de alma y proyectiles de axiones. La nave columna emite un leve pulso —igual que la pirámide oscura cuando surgió de la montaña en Seht— que atraviesa la nave anular como un cuchillo, y de su casco emanan oleadas de fuego verde. Te'Qal ve una oportunidad y aprovecha la distracción para reunir todas las naves qugu que quedan y avanzar hacia la pirámide. Comunica su plan a la flota y prepara un ataque arriesgado. Si no logran acabar con la colmena, al menos recuperarán la montaña. Te'Qal se sitúa en la punta de la formación, y las naves qugu se colocan rápidamente en posición a sus espaldas. Reúne a toda la flota para que escuchen su voz, y sus palabras desencadenan el ataque. "Por Seht". El ejército se pone en marcha y ágiles mangas de combate avanzan para despejar el camino a todas las naves posibles. Te'Qal nota la presencia del linaje qugu de un extremo a otro. Se mueven al unísono esquivando proyectiles y restos de naves. Te'Qal cierra los ojos para sentir la flota a través de la tensión de su vínculo. Llega hasta los núcleos de las arboledas de la muerte que transportan las naves arca, hasta su linaje ancestral. Hasta aquellos cuyos recuerdos lleva consigo. La Oscuridad que los une resuena por toda la flota. Te'Qal dobla sus tentáculos y ordena el despliegue de todos los drones en modo ofensivo. Los qugu se dividen y forman una falange que arremete para empalar el objeto maldito en el que se había transformado su montaña. Te'Qal invoca a sus ancestros, transfiere su energía desde las naves arca hacia su flota y fusiona el rayo con un poder antiguo. "Guiad nuestro fuego". La furia imbuida de Oscuridad de varias generaciones vuelve el rayo resonante. Este alcanza a su objetivo y atraviesa el insultante casco de la pirámide. Su última batalla grabada para siempre en la carne de la pirámide. La batalla de la colmena enmudece. Se produce un destello naranja. Con el lamento agonizante de la pirámide, Te'Qal siente la presencia de sus ancestros, no como una guía distante, sino como iguales. La ola de resonancia invade su ser, y Te'Qal oye sus voces como si resonaran en un sueño: "Noble comandante, no te desvanezcas. Toma nuestra mano y encuentra la salvación". Ve el linaje de su pueblo extenderse por su propio cuerpo, por todos los qugu y por la Oscuridad, por la muerte y por el recuerdo. Todo arrastrado hacia un eco destructor. Y, luego, la nada. Se extinguen, juntos.