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Capítulo 2: Partir el cielo

Los horrores de la colmena arrasan con todos los mundos del sistema de Se'Tar antes de atacar Seht, el hogar de los qugu. Parten el cielo sobre la gran montaña. Naves ataúd y desgarradores llegan a través de la brecha. Su incansable ofensiva diezma poco a poco el ejército unido qugu. Te'Qal lidera a los guerreros qugu que aún quedan en una sola flota inmensa. Miles de naves de guerra, concentradas por encima de las instalaciones de defensa planetaria de Seht para proteger las arboledas sagradas de su montaña. Es suficiente para impedir un ataque frontal, suficiente para salvaguardar los últimos estadios de la evacuación de Seht. Los grupos de combate qugu y de la colmena pelean justo donde termina la atmósfera de Seht, fuera del alcance de los cientos de cañones de riel en tierra. Te'Qal ordena a la flota atacar los flancos de la colmena sin avanzar hacia ellos; no pueden jugársela y arriesgarse a que una multitud de naves de la colmena salgan de la brecha. Pretende alejarlos del planeta para disuadirlos y dispersarlos antes de refugiarse en sus propias instalaciones defensivas. Los grandes destructores intercambian disparos con las naves ataúd; los desgarradores de la colmena persiguen a una bandada qugu que irradia una energía de fusión abrasadora. Es un espectáculo que no durará mucho. Bajo el bloqueo de los buques de guerra, las naves arca qugu excavan las arboledas sagradas de Seht y se llevan la tierra al otro extremo del planeta hasta que puedan transportarla a un lugar seguro. Se preparan para viajar hasta el último portal, que llevará a los qugu a una nueva estrella. Te'Qal mueve los tentáculos en la manga de mando y observa cómo las grandes naves y los pilotos de mangas de combate vuelan en tándem. Vive sus experiencias desde el fragor de la batalla hasta la ensordecida desesperación del silencio. Siente cómo una nave de guerra cede ante los bombardeos de axiones y centra su atención en su grupo de combate, entrelazando cazas con mangas de combate y drones escudo entre la nave de guerra y varias naves ataúd atacantes. Te'Qal proyecta su presencia a través de la manga de combate de un capitán muerto y manda un escuadrón en un contraataque contra los desgarradores de la colmena. Analiza el equilibrio mientras la nave de guerra se adentra en la seguridad de la bandada para ser reemplazada por armas menos desgastadas de la flota interior. "¿Cómo es que no emplean toda su fuerza?", pregunta Je'Gana con impaciencia, en comunicación con Te'Qal. Su nave está cerca del corazón de la flota de mando. "A estas alturas, ya deberían saber que poseen tropas suficientes para tomar nuestras instalaciones". "No nos atacan porque no les hace falta. Colocan trampas para debilitarnos poco a poco. ¿Tantas ganas tienes de pelear?". Te'Qal siente la sed de venganza de Je'Gana. "Protejamos las arboledas". "Y, de paso, sacrifiquemos Seht". La acritud de Je'Gana hace que Te'Qal arrugue el pico. "Yo también noto cómo van muriendo". La batalla pasa a un segundo plano, y Te'Qal dirige la mirada a las naves arca que excavan las arboledas de Seht en la lejanía. "Antes pensaba que mi destino era evitar este futuro, pero me equivocaba. Solo debía prepararnos para cuando llegara". Te'Qal imprime este pensamiento en Je'Gana a través del tejevoluntades. "La victoria nunca tiene un único significado. Seht arderá, pero los qugu sobreviviremos. Juntos". "Si atacamos ahora…". Je'Gana retrocede para observar el creciente número de naves de la colmena que emergen de la brecha. "Si hacemos implosionar el presagio como ya hemos hecho…". Una nave insignia de la colmena atraviesa la brecha. Un anillo de hueso blanco, moldeado por la muerte y la astucia. El extraño buque avanza hacia la cima de la montaña de Seht. Las naves ataúd corrigen el rumbo para propiciar su avance en la atmósfera mientras las runas de llamas jade estallan a su alrededor, disolviéndose en una humareda sofocante. Los cañones de riel planetarios de los qugu abren fuego y destruyen las naves ataúd que se atreven a rodear la atmósfera y colocarse entre su nave insignia y Seht. En medio del caos, el buque insignia de la colmena comienza a acumular una singularidad de fuego de alma en su centro hueco. Entre el fuego graneado, Te'Qal ve una abertura en las líneas de naves ataúd y dirige cientos de mangas de combate para atravesarla como si fuera una lanza de fusión. La nave circular libera legiones de desgarradores y sus tropas se enzarzan en la batalla, pero continúa habiendo espacio para que el flanco derecho del ejército atraviese la abertura. Te'Qal presiona; rayos de fusión chocan contra una tormenta de proyectiles de axiones que desciende desde las naves enemigas. Cuando están igualados en número, las tácticas superiores de Te'Qal separan a las fuerzas de la colmena. Sus esfuerzos abren la línea defensiva de la colmena lo suficiente como para que los cañones de riel qugu alcancen al buque insignia anular. Te'Qal ordena a una unidad estratégica que se coloque debajo de las naves de la colmena, gire y suba a toda velocidad atravesando el centro para separarlos de los refuerzos. Si consiguen aislar el buque insignia y mantenerlo al alcance de los cañones de riel durante unos minutos, podrán derribarlo y ponerle fin al ataque. Durante un instante, parece que funciona. Las tropas de la colmena están divididas. Los refuerzos huyen y se dispersan mientras las naves ataúd caen bajo el fuego vengativo de los cañones de riel de Seht. Te'Qal procura mantener las naves más lejanas lo suficientemente cerca como para regresar a la flota principal en caso de que la colmena dé media vuelta y contraataque. El buque insignia de la colmena detona el fuego de alma sin previo aviso, generando una onda expansiva que barre sus propias naves, la flota qugu y el planeta Seht. Se pierden varios centenares de naves, de un bando y de otro. Las que han resistido se esfuerzan por reconectar sus sistemas. En la superficie de Seht, la montaña se estremece. Grandes losas de piedra se desprenden de los costados y arrasan las arboledas de la muerte que hay debajo, enterrando las instalaciones defensivas y las últimas naves arca que luchan por salvar sus tierras ancestrales. Cuando las aguas se calman, la montaña muestra una nueva cara oscura, con profundas zanjas de energía resonante. El pie de la montaña emite un pulso que asola el paisaje y arrasa el corazón de la civilización qugu. Aquello que la colmena había despertado en la montaña ahora se eleva con un quejido para encontrarse con su buque insignia. Te'Qal lucha por poner orden en la flota y recompone sus fuerzas para tomar el control de los grupos de combate cuando sea necesario. La imagen de la corteza expuesta de Seht se graba a fuego en su memoria. Observa los huecos que dejan las ausencias en la flota. El silencio de la superficie lo inunda todo. Se percata de que ya no nota la presencia de Je'Gana. El silencio le hace temer lo peor; ese antiguo miedo a la soledad. La invasión avanza hacia la oscura e imponente pirámide que antes era la montaña. Desde sus naves se oyen gritos de júbilo que celebran la profanación de la montaña qugu. Cuando la colmena se va acercando a Seht, Te'Qal ordena la retirada. Sin poder moverse a causa del miedo a la extinción, del grito silencioso del abandono sacrílego, del fin paralizador, los qugu abandonan lo que queda de Seht y lo dejan en manos de la colmena.