The Grimoire Archive
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Capítulo 1: El paso que lidera. El paso que sigue.

El nombre Te'Qal se aleja del foco. La expectativa roja se topa con la memoria difusa mientras la expansión desconocida del futuro continúa siendo infinita y oscura. Momentos antes de cerrar las fauces, la realidad choca con la mente. La razón suplica al cuerpo. Cada fibra de su ser sabe que es tarde para retirarse de la atracción viral. Un instinto determinista empuja a los qugu hacia las bestias-fauces. Mutilados. Su aportación. Reformados en el vientre del sacrificio como recompensa. Da un buen trago del néctar y recita… Todo cambio implica dolor… … La penumbra se proyecta sobre una gran montaña. Rígida. Su silueta recortada en el cielo. La vega envuelve la sombra que proyecta la montaña en todas direcciones. Los bosques de coral salpicados de parches de musgo echan raíces en la arena roja y la piedra amarillenta. Las aguas termales, ricas en sedimentos, están llenas de líquenes aromáticos y corren por canales subterráneos que erosionan el subsuelo hasta que la superficie del planeta Seht cede formando hendiduras serpenteantes. En un valle profundo a los pies de la montaña, un qugu se desploma, agonizante. Una criatura bípeda con estructura de cefalópodo sobre piernas invertidas, envuelta en una crin compuesta por tentáculos finos, con una única extremidad anterior que sale del pecho… Su oscura mirada sugiere una conexión, pero es primitiva y está perdida, sola. :Te'Juna:se lamenta en soledad:extinción:el miedo antiguo:carga compartida: No tiene fuerza en las piernas, pero algo en su sangre le hace seguir y adentrarse en las fauces de un gigantesco molusco. Las enormes mandíbulas se cierran de golpe. Una crin de tentáculos busca a tientas y, luego, se queda inmóvil. Permanece en los bajíos. La vida abandona la carne y vuelve a reunirse. Se astilla y se fractura; luego se funde, se entrelaza. Se descompone y se gesta. Una arboleda de la muerte despierta. El tiempo pasa. La podredumbre de Te'Juna siembra los árboles que beben de las oscuras lagunas bajo la montaña. Cinco se alzan del cieno. Su existencia brilla con fuerza para luego ir atenuándose. Cinco regresan debilitados a la arboleda de la muerte, al molusco gigante, obligados a adentrarse en sus fauces. Su carne se agita hasta convertirse en néctar. Replantan la arboleda. Una docena de mundos orbitan con insistencia alrededor de una estrella blanca y resplandeciente. Los rebaños de qugu recorren la vega bajo la luz de las estrellas de Se'Tar. Su migración llega al escalón de coral que cae al mar. Buscan orientación; ofrecen sus crines en un ritual simbiótico al gran molusco de la montaña: una bestia-fauces deificada. Recogen el néctar alucinógeno que destilan las arboledas de la muerte y, luego, lo fermentan y lo ingieren. El linaje qugu excava profundos valles en Seht. Su existencia resuena a través del tiempo, de la conciencia, en la voz y en la carne. Los hijos de sus hijos regresan al escalón de coral para nadar en las profundidades y sacar bestias-fauces a la superficie. Estas bestias sagradas reciben raíces nuevas bajo la montaña. Transcurren muchos ciclos. Una aldea de sal, liquen y coral acoge al rebaño. Con el tiempo, van habitando los bajíos que rodean la montaña. La arboleda de la muerte da luz a generaciones en el cieno, y surgen nuevas arboledas que pueblan los bajíos. Las arboledas afianzan aldeas. Las aldeas se convierten en ciudades que unen la montaña con el mar y se elevan para plantar cuerpos en el cielo. Las voces qugu resuenan al unísono en un sueño compartido de existencia. Un refugio ante el miedo y la soledad. Un horizonte de ambición común. Recuerdos y conceptos como una referencia lejana, el eco de una advertencia, una mano que guía. Siempre perfeccionando el conjunto. Una reencarnación viva y activa. Y, ahora, Te'Qal. Esta expresión del ciclo. Uno de tres. Uno que ha visto los cielos iluminados por cuatro estrellas, la profundidad del néctar en incontables ocasiones, los peligros de 70 años. Ahora ve la línea de su descendencia retroceder hasta sus inicios; la vida de sus ancestros entrelazarse y presentarse ante sus ojos. Arriba, las estrellas han desaparecido, dejando tras de sí un cielo desolado. Te'Qal se concentra en la variedad del linaje qugu: escucha sus voces, busca orientación. En su mayor momento de ensoñación, percibe su conocimiento, siente su delicada atracción o su rechazo. Como si cada acción los hubiese llevado a tomar decisiones concretas y derivase de ellas. El rebaño se agrupa a su alrededor. Recorren juntos la vega. Serpentean a través de ensenadas rocosas y recorren los caminos de su evolución juntos. Se detienen bajo un cielo sin estrellas. Te'Qal también se para, aunque unos metros más atrás. Pierde el impulso de golpe. Vuelve la mirada, invita a varios rostros conocidos a avanzar, escucha. El rebaño grita en silencio. Abren la boca ante el miedo antiguo a la extinción. Te'Qal se aleja del linaje de sus antepasados y contempla el cielo oscuro. La vega desaparece entre barrancos y vacío; la nada sin estrellas trata de alcanzar el horizonte. Y allí, en el extremo del linaje qugu, Te'Qal ve un final, un precipicio de silencio, una brecha inmensa en el cielo de la nada que se cierne sobre la montaña. Un presagio. División. Lo engullirá todo y a todos. Una visión de propósito. La culminación de muchos ciclos. Un paso crucial… … … Te'Qal se desploma en el suelo antes de que los tentáculos de la crin estirados estabilicen su cuerpo. Un reguero constante de sangre sale de uno de los tentáculos, recién amputado; uno de los 15 que le faltan en la crin. El ensangrentado apéndice sufre espasmos de dolor. El sonido de la percusión vibra por sus extremidades y hace que vuelva al presente, a tiempo para escuchar la voz que le habla. "Despierta, guarda Te'Qal. Con los conocimientos que te han legado nuestros ancestros, el mando del ejército de Seht corresponde ahora al linaje Te". Tres ancianos qugu, envueltos en finas mangas nacaradas se alzan ante Te'Qal. Sobre sus cabezas cuelga una manga con una corona dorada; un manto áureo, un tejevoluntades, para unificar intenciones discordantes. "Álzate y asume la carga del servicio". Una inmensa bestia-fauces rezuma néctar, aún fresco. Tiene el caparazón cubierto de sangre. La providencia invade el corazón de Te'Qal. El zumbido del vuelo espacial vibra al son del dolor palpitante que siente en la crin. Esta nave, su mando. Para enfrentarse a lo que viene. "El linaje de Te acepta". Te'Qal levanta los tentáculos mientras la manga coronada desciende y envuelve su figura. La información y los sentimientos se transforman en percepción, en control. Nota decenas de naves tensarse bajo sus órdenes, como olas violentas que se elevan con el eco de su voz. "Al servicio de Seht". ***** Te'Qal flota en su manga de mando a bordo de la nave insignia, con dos años más de sabiduría, tras haber aprendido a dirigir los movimientos de la flota como ondas amorfas en campos magnéticos. Ahora, Te'Qal y sus capitanes reaccionan como una sola entidad. Los tentáculos se extienden por la manga y mantienen unida a la flota. Cincuenta y tres de las mejores perlas de guerra de gran alcance del ejército, en formación de lágrima, apenas visibles en el espacio circundante. ¿Progreso? La petición espera respuesta. "El portal de Se'Un está listo para que enviemos a la flota, guarda". La voz resuena en la mente de Te'Qal desde el flanco derecho. El capitán Je'Gana. "No hay respuesta del receptor de Se'Un". El sistema qugu de Se'Un no da señales de vida. El miedo es palpable. Te'Qal se dirige a la flota: "No avanzaremos a ciegas. Nuestros antepasados nos guiarán. Averiguaremos por qué el sistema de Se'Un no responde y haremos que vuelva a conectarse con los demás qugu. Adelante". Las palabras de Te'Qal provocan el desplazamiento de las naves hacia el espacio plegado entre los puntos en un viaje de ida y vuelta constante, hasta que finalmente la nave insignia sigue a Te'Qal hasta una estrella remota. En ese momento de éxodo, la flota se encuentra con un desgarramiento de la nada más absoluta. Su extensión es diez veces mayor que la superficie que ocupan sus filas. Los ojos de Te'Qal captan algo en el vacío: un golfo que, en lo más profundo, arde con una llama jade. :un presagio: :engullirlo todo y a todos: Te'Qal se tensa; la flota siente su aprensión y se detiene. Te'Qal escucha; la flota aumenta la potencia de los sensores y escanea las profundidades de la oscuridad. Los que investigan la brecha no devuelven información. El portal se cierra a sus espaldas. "Je'Gana, Pel'Uma". Te'Qal invita a los capitanes a una conexión compartida. "Está vacío", anuncia Je'Gana sin ninguna emoción. "¿Qué es? ¿Un portal?". "No identifico señales planetarias, naves arca ni arboledas". La inquietud de Pel'Uma tensa la conexión. "Lo he visto. Es un destino que debemos evitar". Te'Qal se mantiene firme, afianzando la conexión. "Pel'Uma, pon rumbo a Sehta'Un. El anciano de la arboleda podrá…". La brecha tiembla y envía una onda expansiva que atraviesa toda la flota. Cientos de objetos pequeños surgen de su interior, como las chispas que desprende el acero al afilarse. Sus trayectorias no parecen tener ningún tipo de lógica, hasta que un buque inmenso —un pasillo central esculpido de jade y obsidiana— atraviesa la brecha. Conforme invade el espacio que se extiende delante de Te'Qal, las chispas reaccionan y se dirigen hacia las naves qugu a toda velocidad. Te'Qal interrumpe la conexión privada y alerta al resto de la flota. Hay que prepararse para la batalla. Los brillantes cascos de las perlas de guerra qugu avanzan para lanzar decenas de drones: armas, defensa, servicio; se apelotonan alrededor de las naves y forman escuadrones sin dejar ni un solo hueco. Las baterías de fusión qugu arremeten contra el enjambre y lo destrozan, desintegrando hileras de naves quitinosas antes de que se acerquen más. Te'Qal retuerce los tentáculos en la manga y lleva la flota a una formación de nube con una maniobra fluida. El subcomando y los drones de los capitanes se mueven como una bandada dentro del grueso del ejército. Atraen a las diminutas naves al fuego cruzado y las reducen a cenizas. Te'Qal dirige la atención de la flota a la brecha y la nave que hay delante. De pronto, decenas de naves de obsidiana comienzan a surgir de la brecha. Montones de minúsculos desgarradores se desprenden de las naves más grandes y atraviesan el espacio en dirección a la flota qugu, apoyados por salvas de descargas de axiones. Los disparos de fusión qugu aniquilan cientos de cuchillas diminutas, aunque no bastan para atravesar sus defensas y destruir su artillería de apoyo. Te'Qal intenta dirigir la flota para formar un arco ascendente por encima del enjambre enemigo, esquivando la artillería pesada y las cuchillas quitinosas que intentan perforar sus flancos con torrentes de energía de fusión. :terror:dolor:silencio: Uno de los miembros de la flota cae. Te'Qal estrecha sus filas contra el enjambre de cuchillas y trata de redirigir el fuego hacia las naves más grandes, pero los invasores pronto empiezan a gozar de superioridad numérica. Observa cómo el presagio cumple el inevitable destino. Otra oleada de cuchillas desgarradoras atraviesa la brecha. El bando invasor supera su armamento. Te'Qal se desacopla de Pel'Uma para preparar la activación del portal de vuelta a casa y modifica la estrategia. Acerca los drones para distribuir la potencia entre las naves. Inhala, y la energía de fusión atraviesa la flota con un único rayo concentrado que ayuda a dispersar las incontables cuchillas y separa dos naves de obsidiana. Luego otra, y otra más… Los escudos empiezan a fallar. :esperanza:desesperación:extinción: Te'Qal nota cómo pierde la conexión con Pel'Uma cuando un millar de cuchillas alcanzan su nave, pero el portal está listo. Necesitarían todo el poder de los qugu para hacerle frente a esta amenaza. El anuncio de retirada se extiende por toda la flota. Se'Un ha caído. Escapan entre el enjambre, dejando escombros y fuego a su paso.