2: La carga - Parte II
Tyv Lucine abandona la espesura en compañía de seis almas más. Divisa el parpadeo de Geppetto en el horizonte. Su Espectro, Espectro, rueda y brilla en las manos infantiles que lo hacen "navegar" hacia su destino. La luz de la luna se arrastra hacia el valle, ensalzando ese momento de quietud entre la puesta del sol y la salida de la luna. El rocío abraza la hierba junto a sus botas. Se acercan. Los Espectros se dispersan.
Marin está en pie, sereno; el largo cañón de un arma fijada con un bípode le adorna los hombros.
"Gracias por todo esto, Marin". Tyv habla en voz baja y acerca una mano firme hacia la suya.
Este asiente y se la estrecha. "Se le ocurrió a San".
"¿Eso es lo que te ha dicho?". Tyv mira a San, que saluda a los refugiados y los guía hacia el interior del transportador.
"¿Qué importa a quién se le ocurrió la idea?". San-14 la abraza.
Marin se yergue y mira más allá de ellos. Unas bengalas aparecen por encima las copas de los árboles, exhalando un azul pálido conocido de vuelta en el cielo. Entre la arboleda, gritos y luces alborotan el ambiente, en un frenesí. Las nubes proyectan sus sombras sobre el claro.
La estoicidad de Marin se rompe. "Tyv, pon a volar esa chatarra. San, tú conmigo".
Marin planta el bípode sobre la hierba. San despliega una barricada de Luz brillante frente al linde de la arboleda.
"Vete. Es un viaje largo, nos aseguraremos de que nadie os sigue". San prepara su fusil, colocándoselo sobre los hombros.
Tyv asiente y corre a la cabina de mando.
San realiza un saludo militar conforme la compuerta de carga se cierra.
Los aullidos suenan desde el umbral. Los caídos entran en el claro.
Marin no da tregua con su arma. "A por ellos, pues".
El motor del transportador prende, ruge, se convierte en una llama que brama y refulge. Un faro. Un deseo.
El estruendo suena a lo lejos y dibuja curvas candentes a través del pinar, mientras un proyectil rojo intenso rasga el claro.
El transportador ha sido aniquilado.
Tyv se hace añicos, las ruinas de su cuerpo se deslizan por la hierba.
El choque ensordecedor desgarra la noche. En ella, se escucha un solo grito:
"¡TANQUE ARAÑA!"