Capítulo 4: Sin vigilancia
Miramos a Zavala atónitas. Actúa con frialdad clínica, sin emoción. Tal como siempre se le había descrito. Algunas cosas no cambian.
"¿Ikora ha muerto?", pregunta Ana.
"Ella y todo lo demás. No sé que buscáis, pero no está aquí. Será mejor que os vayáis".
"No, espera. Necesitamos tu ayuda", suplica Ana.
Se da la vuelta y se aleja renqueando sobre su muleta. Ana levanta las manos en señal de frustración. Niego con la cabeza, pero ella lo sigue con Rasputín a su lado.
"Comandante, todo esto es culpa de Savathûn. Si la eliminamos para siempre, quizá podamos salvarnos…".
Se detiene. "No podemos".
"No puedes ignorarnos. Ikora no lo haría", dice.
Zavala se gira. "Y tú eres igual que ella. Siempre lo fuiste. Testaruda y arrogante. Por eso acabó como acabó". Señala a los escombros de nuevo. "Si sigues así, acabarás igual que ella. Seguro que Savathûn se alegraría".
"Ana, déjalo, no hay nada que hacer. Vámonos", le digo. Sin duda, ella puede ver lo mal que está.
"No pienso irme. Sin Ikora, él es nuestra única esperanza", exclama Ana.
"¡No quiere ayudarnos!".
"¡Eres un cobarde!", le grita Ana.
"¿Un cobarde? Hice todo lo que pude para salvar la Ciudad. Y a ella. Pero estábamos en desventaja. Igual que vosotras. Esa fue nuestra perdición", dice Zavala. Sacude la cabeza y suspira. "También será la vuestra".
"Comandante…".
"Ya no soy el comandante de nada".
Eso nos deja sin palabras.
"Nunca pude disculparme, arreglar las cosas. Cuando volví a verla, ya era demasiado tarde. No cometas los mismos errores que yo".
Puedo ver cuánto dolor le causa esto a Ana. Maldita sea. Vale, la ayudaré.
"Ana no lo recuerda, pero nuestro padre… lo que recuerdo de él… era un hombre terco. Él y yo discutíamos todo el tiempo, pero nunca me fui sin decirle que lo quería. La única vez que lo olvidé, nunca regresó. Hemos cometido errores, Zavala. Todos nosotros. No repetiremos los tuyos esta vez… si luchamos juntos", le digo. Zavala me mira de arriba abajo.
"Así que tú eres la famosa Elisabeth Bray".
"Así es".
"Nos habrías venido bien hace tiempo".
"Como cuando llegaron las pirámides", apunta Ana.
"Nuestros problemas empezaron mucho antes", dice Zavala. "Las pirámides solo fueron el síntoma de una enfermedad que había empezado hacía tiempo. La Vanguardia llevó a cabo algunas misiones secretas en el Jardín Negro. Intentamos destruir el Corazón Negro, pero acabó corrompiendo a los guardianes que entraron en contacto con él. A partir de entonces, los guardianes oscuros proliferaron y la Oscuridad se extendió lentamente".
"Estoy aquí ahora. Eso es lo único que importa".
"¿Quién es el otro exo?", pregunta Zavala.
Rasputín se presenta.
"¿Tenéis al Estratega? Increíble. Pero ¿para qué necesitáis mi ayuda? Él es mucho más capaz que yo".
"Rasputín es un arma, pero necesitamos saber hacia dónde apuntar", contesta Ana.
"Por eso necesitamos toda la información que tengas para encontrar a Savathûn. Si nos aliamos con la Luz y la Oscuridad, quizá podamos lograrlo. La simetría podría ganar donde la constancia fracasó", explico.
"Eso me suena", dice. "Aunque pudiera ayudaros, el Estratega no bastará para vencer a lo que hay detrás de Savathûn. Ella es solo un peón".
"¿Qué quieres decir?".
"Hay que vencer a la verdadera bruja. A Eris Morn".