Capítulo 2: Mendigo ambulante
"Prepárate. No sabemos lo que nos espera ahí dentro", le digo a Ana mientras contemplamos la entrada a la Cripta de la Piedra Profunda.
Nos abrimos paso por el laboratorio destrozado por las batallas pasadas. El asedio de Eramis antes del Bombardeo dejó huella en este lugar. Ella encontró la Oscuridad aquí y la extendió por el mundo como una plaga. Clovis estuvo a punto de hacer lo mismo en su momento.
"Si recuerdo bien, hay un gran abismo ante nosotras. Agárrate a mí", le digo.
Me rodea con sus brazos y me doy cuenta de que es la primera vez en cien años que estoy tan cerca de otra persona. Puedo sentir un débil olor a sebato de sodio, pero es casi imperceptible. Lleva días sin ducharse. Me aprieta con fuerza. Ya había olvidado lo que se sentía. Mi cuerpo produce una fugaz sensación de calor.
Desciendo por el cable del hueco del ascensor. Aterrizamos intentando no hacer ruido y permanecemos inmóviles. No hay nadie, pero la electricidad está conectada. Alguien ha estado… o está aquí.
Avanzamos por el centro de investigación destruido y veo que Ana está analizando el lugar. Parece que conoce bien el espacio.
"Clovis era un animal, está claro. Pero lo que descubrió y construyó es absolutamente increíble", afirma casi en un suspiro.
Es la primera vez que habla tan bien del viejo. Se ha olvidado de que estoy delante. No se da cuenta de cómo manipuló nuestro futuro siglos atrás.
"¡Por aquí!", grita, apresurándose hacia adelante. Después de recorrer varios pasillos, llegamos a un camino sin salida que resulta muy familiar. Sigue aquí. El Control de Claridad. Temía volver a verlo. Es una prueba de todo el mal que hizo Clovis.
Quiero alejarme, pero Ana está decidida. "¿Estás lista? Tenemos que seguir", le digo.
Entonces, vuelve a la realidad. "Lo siento".
Por fin lo encontramos. El lugar donde nacieron los exos. Ana se tapa la nariz al sentir el hedor a podredumbre que nos recibe. Avanzamos lentamente, doblamos la esquina y vemos un cadáver medio descompuesto aferrado desesperadamente a la palanca de una consola. "El Nómada", dice Ana. Es difícil saber cuánto tiempo lleva aquí. Apartamos su mano de la consola y lo sacamos de la habitación para mitigar el olor.
"¿Qué crees que estaba haciendo aquí?", pregunto.
"Seguramente, lo mismo que nosotras", contesta Ana mientras conecta su disco. "Pero no lo consiguió. Seguramente sea lo mejor. No merece otra oportunidad".
Es deprimente verlo así, completamente solo aquí abajo.
Ana trabaja en la consola. "Cargando. Pronto saldrá. Coge esa palanca".
Tiro de ella y se abre una trampilla por la que cae fluido radiolario en un tanque vacío. Me doy cuenta de que Ana está mirando fijamente al lugar donde encontramos el cuerpo del Nómada.
"¿Nunca te preguntas qué habríamos podido cambiar?", pregunta.
Constantemente.
"La verdad es que no", respondo.
"Tanto nosotras como nuestra familia somos responsables de demasiada muerte y destrucción. Sé que Clovis fue responsable de la mayor parte. Tenía un talento natural para traer la Oscuridad al mundo".
"¿Cómo lo sabes?", pregunto.
"La última vez que estuve aquí, encontré un diario. Es antiguo y le faltan la mitad de las páginas, pero contenía mucha información sobre él".
Así que ha estado aquí antes. Claro. Obviamente, me está ocultando cosas.
"¿Qué más había en ese diario?", pregunto.
"Aparte de los informes censurados y los experimentos, también había historias sobre nuestra familia. Todo desde su punto de vista, claro, él nunca tenía culpa de nada. Pero quizá no era tan malo como pensábamos. Nos quería, a su manera".
"No me digas".
"Hizo cosas buenas, Elsie".
"Yo estaba allí, Ana. Vi las cosas que hizo. Estaba loco. Obviamente, no hablará de sí mismo como un villano".
Nos sentamos y esperamos en silencio.
El tanque empieza a borbotear. Ana se incorpora de un salto al ver un reluciente pedazo de metal emerger del fluido. Lentamente, el exo se pone en pie. El sedoso líquido se escurre por sus junturas. Da un paso al frente y sale del tanque.
"¿Rojo?", pregunta Ana tímidamente.
Gira la cabeza. Sus ojos color escarlata se fijan en los nuestros y nos habla… en ruso.
"Hola, viejo amigo", dice Ana.
Ha empezado.