La carrera del Valle Fragmentado
"Son muchos los que se pierden en la corriente y el reflujo caprichosos de la Costa.
La masa vacilante da y quita, tira y rasga.
Nunca se sabe lo que se puede encontrar en la superficie bajo la marea, así que camina con cuidado, pues los demás peligros pueden distraerte.
La muerte merodea, vaga, pero presente.
A la espera de aferrarse a algo.
A la espera de apresar a quien ose recorrer estas tierras enredadas".
(Extracto de la versión traducida de "Escritos y observaciones de la Costa Enredada: un texto de los caídos" de C.C. LaGrange)
El Valle Fragmentado es duro y alargado, y en nada se asemeja a un valle. Al menos, no a su definición tradicional. Su vacía extensión se prolonga entre una serie de asteroides encadenados en los lejanos lindes occidentales de la Costa.
Lo llaman "valle" para darle un toque poético, pero lo cierto es que se trata del espacio caótico resultante entre enormes rocas que se fragmentan y destrozan entre sí en una violenta danza. Las distancias existentes entre masa y masa menguan y fluyen sin previo aviso en un reposicionamiento letal y constante del entorno. Ese incesante vacío es el Valle. Solo los dementes y desesperados se atreverían a recorrerlo de lado a lado. Con una única excepción…
Yaviks. La Amazona.
El motivo por el que se decidió a recorrerlo cambia según quién lo cuenta. Uno percibe que no ha perdido el juicio ni está desesperada cuando vislumbra su destreza con la barracuda y su fijación asesina. El recorrido en sí es una leyenda de magnitudes comparables a las de cualquier guardián, salvo por el hecho de que Yaviks es una bestia perversa que estaría mejor muerta. La historia dice así…
Estaba huyendo con éter o escapando con tecnología de la Edad de Oro perdida. Algunos dicen que con ciencia de Clovis Bray, otros afirman que con conductores de un Estratega olvidado o puede que hiciera caer a un guardián y estuviera huyendo a toda prisa de una escuadra dispuesta a vengarse, algo muy común por estos lares. ¿O quizá fuera orgullo? ¿Puede que un capitán, un kell o un arconte quisieran poner a prueba su destreza al volante? ¿O Fikrul? A fin de cuentas, su relación había sido… complicada.
Nada de eso importa, al menos, no a mí. Todas las versiones del comienzo de la historia son igual de interesantes. ¿Pero y la carrera en sí? ¿Su recorrido por las rechinantes fauces de la muerte?
Casi todos los guardianes que han oído la historia se niegan a creerla. No quieren atribuirle ningún mérito a alguien tan infame, a la baronesa de los repudiados. Aquella que tiene las manos manchadas de sangre, un botín a remolque y los motores a toda velocidad, aunque se lo merezca. ¿No me crees? Pregúntale a Marcus Ren.
No estuvo presente aquel día, pero escuchó el mito y no podía creerlo, de modo que optó por realizar la travesía. Cuatro intentos. Ninguno con éxito. Una resurrección. Cuatro colibríes siniestrados.
Marcus Ren, el campeón de las carreras de colibríes y héroe de los amantes de la velocidad y fanáticos de las carreras de toda la Ciudad no fue capaz de recorrer el Valle. "Demasiado aleatorio", dijo él. "Demasiado caótico. Es imposible prever el movimiento de las rocas cada minuto. Imposible predecir las curvas".
No obstante, volvió a intentarlo, y en la quinta ocasión logró completarlo al límite de colisionar. Lo logró. Hizo posible lo imposible, aunque se negó a admitir que Yaviks pudiera haber logrado la misma proeza. Poco importaba.
Que Ren hubiera logrado salir vivo demostraba que era factible y, de serlo, ¿por qué no podría haberlo logrado Yaviks?
No es que a Yaviks buscara el reconocimiento. El tuyo. El de Ren. El de ningún guardián. El de ningún caído. El de nadie.
Tan solo esperaba el reconocimiento de sus hermanos barones, nadie más.