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El largo adiós

Cuando la Última Palabra llegó a tus manos, te dije que había terminado. Pero aquella carta, como la mayoría de las cosas, no fue más que otra prueba. Te ofrecí todos los consejos y toda la confianza que pude, pero necesitaba ver tu comportamiento tras todo lo que habías aprendido sin intervención directa por mi parte. La Vanguardia y el resto de tus aliados, antiguos y nuevos, estaban ahí para ayudarte, sí. Pero, como siempre, conseguiste abrirte camino y mantenerte fiel a tus ideales, fuerte y desafiante frente a la marea inagotable que nos amenaza. Tu heroísmo continuado y tu capacidad de adaptar tus habilidades para enfrentarte a amenazas en constante evolución demuestran que mereces mi confianza. Por eso comparto mis verdades contigo: mi viaje, las sombras, nuestro propósito, nuestros pecados… Cuando buscaste el Espino, el odiado yin del noble yang de la Palabra, supe que ibas a recorrer el ominoso camino que nos condenaría a mí y a los míos al olvido tras las guerras que se avecinan. Para mí es un honor haber servido de catalizador para una minúscula fracción de tu crecimiento continuado. Mi fe me dice que serás una piedra angular en la construcción de un nuevo mundo. Uno en el que los absolutos reculan ante la autoridad del compromiso, donde la Luz templa la Oscuridad y la Oscuridad abre nuevos caminos hacia los innumerables secretos por descubrir de la Luz. A partir de este momento, mis aliados más cercanos y yo desapareceremos. Nuestro trabajo ha terminado. Y, a pesar de lo que pueda parecer, nuestra intención principal jamás fue algo tan simple y mundano como desquiciar o poner en peligro, aunque tales tácticas fueran necesarias. No, nuestra labor siempre fue encontrar a aquellos que, como tú, podían ampliar el significado de lo que implica ser un guardián y empujaros a avanzar de maneras nunca antes consideradas ni permitidas. A una parte de mí le preocupa que desprecies mi forma de trabajar. La Vanguardia lo hace, desde luego, y no está de acuerdo con ella, aunque la tolera. Ellos no saben todo lo que las Sombras y yo hemos hecho. Es mejor así. Pero quiero que esto te quede totalmente claro: el fin justifica los medios y no lamento en absoluto ninguna de las decisiones que he tomado. ¿Las circunstancias que nos han llevado hasta aquí? Sí. Me duele en lo más profundo del corazón que tengamos que existir en este mundo tan horrible que, en parte, nosotros mismos hemos creado, pero, por encima de todo, debes saber que los que merecen nuestra ira son nuestros enemigos, los que han venido de más allá de la negrura para entorpecer cada uno de nuestros avances. Son seres malignos y su vileza no conoce límites. No solo me refiero a la colmena, a los caídos, a los vex o a los cabal. Hay enemigos a la vuelta de cada esquina, incluida una pequeña facción de campeones a los que consideras hermanos y que no deja de crecer. Ten mucho cuidado con los egoístas y con los mal preparados. Son pocos, pero son una constante en cualquier grupo que se esfuerce por mejorar y pueden arrastrarte al abismo más rápido que cualquier horda de poseídos o la Legión Roja. Buena suerte. Aprecio tu amistad. Tu heroísmo. Las Sombras originales ya no existen. Solo quedamos Grey, Maas, Pavic, Yasuul y yo, y hemos decidido retirarnos de estas guerras. El resto, guiados por la ignorancia y por el miedo, han caído. Gracias a ti, el infame nombre de los Dredgen ha sido rehabilitado y ahora está en manos de héroes. Haz el bien. Sé valiente. S.