El último susurro
Y eso es todo. Un viaje desde ninguna parte hasta aquí. Desde mi vida a la tuya. Todo empezó con Yor, pero ahora el viaje es tuyo. Nunca le he contado esto a nadie, ni siquiera a Teben, pero el primer susurro que oí no fue a bordo de la nave de Yor, donde encontramos sus escritos. Tampoco fue cuando seguimos su camino y resucitamos nuestras réplicas enfermas del Espino. El primer susurro fue en la Cresta, sobre su cuerpo, a punto de soltar las dos últimas cargas castigadas por el Sol sobre su forma inmóvil. De repente, oí una voz tenue. Unas palabras horribles en un idioma lleno de odio. Esas palabras me han acompañado cada día y cada noche desde entonces. Palabras sencillas, calmadas. Estas palabras:
"Nada tiene fin".
Durante mucho tiempo, las interpreté como una amenaza. Como si el abismo me ofreciera la promesa de que la muerte no había quedado saciada ese día y que volvería, como siempre ha hecho, a por todos y a por todo lo que conocemos. Pero eso significaría que la muerte es algo que hay que temer, que el orden natural es nuestro enemigo. Pero, entonces, años, décadas después, me dio por pensar. En Yor, pero sobre todo en Azzir, y llegué a una conclusión que no tiene que ser cierta para ser mi verdad. Es la siguiente…
Esas palabras no eran el abismo. No eran el susurro de un gusano ni una promesa funesta. Tampoco eran una amenaza. Eran una advertencia. De Azzir para mí. Había terminado un combate, pero no la guerra. Me estaba diciendo, advirtiendo, que un viaje había terminado, pero que habría muchos más.
Y lo mismo ocurre contigo. Yor, yo, las Sombras, el Espino, la Última Palabra… Después de tu leyenda, nosotros no seremos nada más que notas al pie, recuerdos olvidados por la mayoría. Y, algún día, tú serás lo mismo para otro. Este es nuestro propósito, nuestra carga: inspirar a los que podrían continuar con nuestra labor. Así que ya puedes irte. Este capítulo ha terminado. Pero recuerda, y nunca lo olvides…
Nada tiene fin.
S.