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La trampa del mentiroso

El Gambito resultó muy productivo. Los guardianes que participaron en los juegos del Nómada han demostrado ser los sujetos de prueba perfectos para demostrar algo muy importante: que las sombras de poder oscuro que nos tientan no son inherentemente malignas. De hecho, no son más que otra herramienta que debemos usar si queremos someter lo desconocido a nuestra voluntad. Una hazaña imposible que tenemos que aprender a dominar para detener la marea de la extinción, que cada vez es más agresiva. Azzir lo sabía desde hace mucho. Vio el camino hacia delante mucho antes que nadie, solo que no lo entendió. Su valor y su fortaleza ofuscaron los peligros del camino que recorrió. El camino que ahora seguimos. La diferencia es que nosotros contamos con la insensatez de Azzir para guiarnos. Podemos aprender de sus errores, y es lo que hemos hecho. Haber tenido que recurrir en parte al engaño para alcanzar mi objetivo de seguir el camino de Azzir hasta el final ha sido… desafortunado. Pero necesario. El escenario planteado por el repugnante deporte del Nómada ha servido para que muchos guardianes adquieran la confianza necesaria para ver las sombras como lo que son, sin perder el rumbo y sin manchar su Luz. Este fue el error más grave de Azzir. Se lanzó de cabeza al abismo creyendo que bastaría con su voluntad para defenderse de los susurros y de la corrupción. Pero, solos, todos fracasamos. Solo unidos podemos prosperar en la Luz… y en la Oscuridad. Lo que nos lleva a la otra necesidad cubierta por la promesa del Gambito. Esos guardianes capaces de entregarse totalmente y de buscar en las sombras no solo poder, sino también consuelo. Sentido en la vida. Han sido señalados y se les ha hecho frente. A algunos, tristemente, de manera violenta y definitiva. Otros no tardaron en dejar de lado sus conflictivas ambiciones al ver la cruda realidad del viaje que habían iniciado. Al final, muchas Sombras han caído. Pero todas eran falsos profetas, almas perdidas que habrían caído presas de la desesperación tarde o temprano. Mejor tentarlas aquí y ahora de una forma que podamos controlar y corregir, que dejar que los débiles de voluntad se enquisten en nuestras filas. S.