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Hallazgos de Eido – 18

"¿Te apetece… un poco de té?". El viaje a la Luna había sido corto, pero ahora Eido estaba sentada en una silla plegable de lo más incómodo en la vivienda de Eris Morn. Su anfitriona le sirvió un líquido humeante de un recipiente en una pequeña taza de cerámica. La escriba la cogió, amableaceptócogió cortésmente, tratando de evitar que el contenido se desbordaraderramara. "Así que crees que la Horda Decapitada tiene alguna conexión con ese 'Halloween'", dijo Eris. "Sí", respondió Eido. "No creo que su origen esté en la colmena". "Ya veo". "¿Ah, sí? Me preguntaba…", Eido se detuvo ante la mirada de Eris. La escriba miró su té. Los humanos solían beber esas cosas juntos, pero Eris no se había servido una taza para sí misma. Dejando que sus ojos vagaran, Eido se dio cuenta de que la habitación estaba extrañamente vacía, salvo por la tetera y un tapete andrajoso en el umbral de la puerta. Las letras del mismo eran ilegibles. Hubo un largo silencio. "Me pidieron que hiciera este lugar más hospitalario", dijo Eris. Eido no estaba segura de si eso era una explicación o una disculpa.