X — Eris Morn — La augur arroja sus huesos
Versículo 8:10 — La mentira
Es un grave error ver las predicciones de Savathûn como verdades adivinadas a partir de una premonición interior. No profetizaba. Lo que intentamos con esto no es más que una posibilidad en una infinita colección de posibilidades, y una decisión que tomamos entre una infinita colección de decisiones. No pudo haberlas previsto todas. Solo podía arrojar sus huesos en el espacio que separa la certeza y el augurio, y observar cómo caían.
(Es raro hablar de ella en pasado. Aunque esté muerta, sigue estando con nosotros, tirando de nuestros hilos, aullando entre carcajadas ante nuestros fracasos, como hace años. Pero ahora nuestros fracasos serán el triunfo de su hermana y la muerte final de Savathûn).
No, la Reina Bruja nunca entendió el destino. En ese sentido, compartimos su entendimiento sobre el universo: cada momento es resultado de una meticulosa aplicación del deseo. Este camino se construyó minuciosamente, y fuimos tan predecibles que pisamos sobre las huellas que nos creó.
Es una verdad disfrazada de mentira, para que la pasemos por alto.
Pero eso no es el destino. El destino es el ámbito de la lógica infantil de Xivu Arath; los muertos estaban destinados a morir, y la derrota de su espada es inevitable.
No nos dejamos engañar tan fácilmente como ella. Esa lógica es una mentira disfrazada de verdad para que malgastemos nuestro tiempo con ella.
No. No estoy aquí por el destino, sino por la voluntad y el engaño.
Pero, si no me pertenecen, ¿acaso eso es preferible?
No importa. Asumiré el control. Tengo ese poder.
Arrojaré mis huesos, como hacía la Reina Bruja, entre la certeza y el augurio. Contemplaré cómo el gusano de Xivu Arath la devora. Saldrá derrotada por su propio pacto y caerá como un rayo. Veré cómo mis engaños destruyen a Savathûn. Me verá tal como soy y sabrá que soy su condena.
Ese es el camino que les espera, y es el que seguirán.
Aiat.