XI — Eris Morn — Beben un fuerte veneno
Versículo 8:11 — La verdad
La colmena no es un monolito. Tienen contradicciones internas, conflictos, tensiones. Amenazan con engullirlos. Se está formando una fisura que solo yo contemplo con los ojos abiertos. Un día abrirá sus fauces, y de ella saldrá reptando algo que sacudirá los cimientos de la colmena.
Tal vez sea yo.
Ellos notan esta posibilidad y se aferran a su imperiosa verdad por miedo. Con ese fin, Xivu Arath se miente a sí misma todo el tiempo. Con cada engaño, se encierra cada vez más en una gran ficción que debe restaurar grieta a grieta.
Por eso temen y veneran su propia lógica. La primera duda, la duda más antigua, entaoxuanna. Los destruiría.
Con ese fin, la grandiosa filosofía de Oryx engloba todo lo que toca. Cada paradoja, cada conflicto. El amor es muerte, la guerra es amor y la paz es enfermedad. Incluso su derrota fue un movimiento hacia la forma final, pues él sabía que sus asesinos se convertirían en él. En su lógica, es todo a lo que podían aspirar a convertirse. Eso transforma los fracasos en pruebas para que su lógica pueda sortearlos.
Todo se desmoronará un día. Me aseguraré de que así sea. Mi transformación resquebrajará su verdad.
He robado mucho de la colmena. Les he arrebatado los ojos, su fétida magia, y ahora he vuelto a robarlos. Cada vez que desciendo a las Profundidades, me llevo lo que necesito y lo que legítimamente me pertenece. Como el rey de los poseídos mató a Akka para saciar a su gusano.
Ahora lo veo. Todos mis años de estudio y lucha, todos mis años adentrándome en la oscuridad para poder darles a mis ojos un buen uso, lo he conjurado.
Eso es lo que ve Xivu Arath cuando contempla mi transformación. A su hermano, triunfante. Renacido.
Así, me ama de verdad.