5. EL BÚNKER
"Puedo hacer que se abran", afirmó Felspring mientras Felwinter trataba de abrir dos puertas de metal oxidado. "No hace falta que lo hagas tú".
El metal chirrió cuando Felwinter separó ambas puertas. Estaban a mucha profundidad bajo tierra, en un búnker que a Felspring le costó seis días localizar. Ahora que lo habían encontrado, Felwinter cayó en la cuenta de que no sabían lo que estaban buscando.
"No sé mucho de Rasputín", empezó Felspring, planeando con cautela junto a él. "Pensaba que lo habían desactivado o destruido durante el Colapso".
Felwinter siguió adelante. La sala parecía una cápsula del tiempo: intacta, conservada, como si los técnicos fueran a entrar en cualquier momento para manejar los paneles de control de la paredes. Le hizo pensar en la biblioteca donde había despertado, en su complejidad y… belleza, quizá. ¿Era bella aquella sala? No lo tenía claro.
"¿Por qué nos perseguiría un Estratega?", murmuró Felwinter.
Felspring sobrevoló una superficie plana y negra sobre uno de los paneles de control para examinarla. "No lo sé".
Felwinter se puso a su lado. Dudó antes de tocar la superficie brillante y oscura del panel, que parpadeó hasta encenderse y mostró códigos y controles que brillaban en naranja y se reorganizaban conforme arrastraba el dedo sobre ellos.
"¿Cómo lo has hecho?", susurró Felspring.
Felwinter negó con la cabeza. Tocó otro panel en blanco y las luces se expandieron por todo el búnker, dotándolo de vida.
"No lo sé", respondió.