4. EL HOSTIGADOR
Tras tres semanas sin incidentes, Felwinter y Felspring dejaron de evitar las carreteras principales. Comenzaron a encontrarse con otros grupos de viajeros, incluso campamentos. Nunca hablaron con nadie, hasta que un exo renacido les preguntó si podía acompañarlos de camino a su destino: un lugar llamado el Valle Rojo.
A ninguno de los dos les gustó la idea, pero aceptaron sin mucho convencimiento ante la muda promesa de que no sería durante demasiado tiempo.
"Qué buen día, ¿eh?", comentó Gryphon-11. Miró al cielo azul y extendió los brazos. "Hace un tiempo estupendo para viajar. Tenemos suerte".
Felwinter y Felspring se miraron para volver a centrarse en el sendero que tenían delante.
Gryphon observó a Felwinter mientras se colocaba la mochila en los hombros. "Por cierto, ¿adónde vais? No me lo habéis dicho".
Felwinter tardó más de lo estrictamente necesario en responder. "No estamos seguros".
Gryphon se quedó sin palabras; inexplicablemente, Felwinter reflexionó. "Eh…", dijo. "Caminamos, sin más".
"Podríais venir con nosotros", explicó el Espectro de Gryphon. Tenía una carcasa verde y amarilla con pétalos de flores.
"No", espetó Felspring. Y como si de pronto recordara lo que era la educación, añadió: "Tenemos un destino, pero no sabemos el nombre".
Gryphon y su Espectro asimilaron la información y asintieron. "Menuda aventura", comentó Gryphon con voz alegre. "¿No crees? El mundo entero es una aventura, ¿verdad? Y tenemos miles de oportunidades de vivirla".
Felwinter no dijo nada. Estaba incómodo. Apenas hablaba, pero cuando lo hacía no se asemejaba en absoluto a Gryphon. Su voz no sonaba así. Nunca en la vida tuvo el impulso de hablar de esa manera. ¿Por qué?
Continuaron su camino a través de una hilera de fábricas abandonadas. Podían verse indicios de los caídos por todas partes, pero de hacía mucho tiempo. Estandartes rasgados pisoteados en el barro. Un caminante al que le faltaban la mayoría de sus piezas. Gryphon desenfundó la pistola con indiferencia, sin interrumpir sus pasos.
Los disparos resonaron desde una puerta abierta. Una bala repiqueteó contra el hombro de Felwinter cual badajo contra una campana. Fusil en mano, devolvió el ataque en la dirección de la que procedían los tiros.
Debería haberse percatado de que era un mal lugar. Poca visibilidad. Demasiadas esquinas. Edificios bajos cuyo interior no podían ver. Cientos de contenedores oxidados en los que esconderse…
Lo de la puerta fue una distracción. Diez, veinte, treinta androides de combate armados y blindados con ojos brillantes salieron de los almacenes a izquierda y derecha. Moviéndose con disciplina y una inquietante sincronía, comenzaron a rodearlos para evitar que huyeran. Gryphon maldijo.
"Tenemos que ponernos a cubierto", dijo Felwinter.
Luchando espalda contra espalda, reviviéndose uno a otro cuando morían, Felwinter y Gryphon se deshicieron de unos 15 androides a punta de pistola y unos cuantos más con granadas. Varios volvieron a levantarse a pesar del terrible daño, tambaleándose hacia ellos con las piernas dobladas y rotas, implacables, decididos. Se acercaban inexorablemente a la vez que los dos exo agotaban munición y energías.
Fue Gryphon quien consiguió salvarlos con tres rayos de Luz de arco que surgieron de sus manos. Conforme los androides más cercanos se desintegraban en una lluvia de luz azul, Gryphon silbó y, sin aliento, exclamó: "Nunca había hecho eso".
Felwinter fue a examinar uno de los androides (casi) intactos.
Gryphon fue tras él. "Qué locura", espetó. "¿Sabes lo que son?".
"No", dijo Felwinter. No son exo…
Felspring se colocó entre ambos. Escaneó al androide, bañándolo en una luz azulada. Titubeó antes de comentar: "¿Rasputín?".
"Eso creo", el Espectro de Gryphon comentó. "¿Veis ese logo?", señaló un símbolo en el armazón del androide que se asemejaba a una insignia militar en miniatura. "Coincide con mi base de datos".
"Sí", habló Gryphon. Miró a Felwinter. "¿Qué has hecho para que el Estratega te la tenga jurada?".
Felwinter observó al androide en el suelo. "¿Qué es un Estratega?".