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7. EL SEÑOR DE LA GUERRA

Fiel a su palabra, Aarthi volvió al mes siguiente con dos cajas más. Esta vez, ambas contenían munición. Se sentó junto a ellas, abrazándose las rodillas en busca de calor y observando el valle más abajo, hasta que Felwinter vino a por el material. "Pensé que esto te resultaría mucho más útil", explicó la mujer. "Ya que no quieres comida". Felwinter la miró, se hizo con las cajas y subió de vuelta a la montaña. El mes siguiente, la mujer trajo piezas de armas. Cuando Felwinter fue a recogerlas, ella lo observó hasta que dio media vuelta para marcharse, y entonces habló: "Sé cosas de ti, ¿sabes?". Cuando se giró para mirarla, ella alzó la barbilla. "Te llaman Lord Felwinter. Dicen que has matado a más señores que Castor. Con tecnología antigua. De antes del Colapso". "No soy un señor de la guerra", masculló Felwinter conforme subía la montaña. Aarthi lo observó y, a continuación, le espetó: "Solo porque lo digas no hará que sea verdad". Volvió al mes siguiente y al siguiente y al otro también. Hablaban un poco cada vez. Sobre la vida en la aldea. Sobre cómo imaginaban los tiempos de antes del Colapso. Sobre el futuro. En el séptimo encuentro, Felwinter se quedó un rato de más. Juntos, se quedaron observando el valle que se extendía más allá de la montaña. "Podrías ayudarnos de verdad", comentó Aarthi en voz baja. "Con toda esa tecnología que conoces de la Edad de Oro, podríamos vivir una vida muy diferente". Felwinter estaba en pie, inmóvil, con las pupilas fijas en el horizonte. "No puedo", respondió. Ella lo miró, intentando leer su expresión, y después apartó la mirada. Permanecieron en silencio durante unos instantes. "¿Sabes?", retomó la mujer, señalando las faldas de la montaña. "Los señores de la guerra llevan años irrumpiendo en nuestra aldea. Pisoteándonos. Destruyendo los cultivos y todo lo que construimos". "No soy un señor de la guerra", dijo Felwinter en un hilo de voz. "Claro", contestó. "Pero eres como ellos. Cuentas con miles de segundas oportunidades. Vives en una gran fortaleza en la cima de una montaña. ¿Cómo crees que es para nosotros? ¿Qué crees que sentimos cuando el cielo se nos cae encima constantemente?". Felwinter la miró fijamente. Aarthi se cruzó de brazos. "Debe estar bien", dijo. Sus facciones se relajaron; pero no por él, sino por sí misma. Por su pueblo. "No tener que preocuparse". El mes siguiente, Aarthi no fue a visitarlo. Y tampoco el mes de después.