Cantar
Soy la primera Oradora que nunca sueña.
Al menos, creo que es así. En los días posteriores al Colapso, todos los Oradores que sobrevivieron se dispersaron a los cuatro vientos y viajaron con grupos de refugiados por el yermo en ruinas en el que se había convertido la Tierra. Aparte del hombre que me enseñó, nunca he conocido a otro Orador en la vida. Por lo que a mí respecta, soy la última que queda viva.
Antes del Colapso, elegían a los Oradores por su capacidad para escuchar al Viajero mediante sueños detallados y lúcidos. Ahora que los sueños han parado, hay otros signos. Los Espectros nos siguen. Cuando soñamos, vemos una luz blanca, extraña y cegadora. Somos propensos a los dolores de cabeza.
Mi mentor no podía enseñarme a interpretar los sueños, así que me enseñó mediante hipótesis. Yo tenía que imaginar cómo serían los sueños, tenía que especular por qué el Viajero podría volver a nosotros y cuándo. Como todos los Oradores, memoricé los cuatro principios: el Viajero es bueno, el Viajero es un ser inteligente, el Viajero nos salvará y el Viajero nos dejará.
A veces me preocupa que el Viajero ya nos haya dejado.
Mi mentor murió de una enfermedad degenerativa hace dos años, y he intentado dar la talla como su sustituta. Pero él era un recuerdo viviente de cuando el Viajero estaba despierto, y yo solo tengo sus recuerdos, de segunda mano y entendidos de manera imperfecta. No sé dar respuestas. No sé hacer que el Viajero hable.
O, al menos, no sabía.
Durante semanas, he trabajado en secreto en un proyecto, reuniendo chatarra y trastos viejos y rotos, desechos de una época anterior. La he montado como he podido, la he apañado con una mezcla de tecnología extraña, comprendida a medias, y he tratado de calibrarla según mis necesidades.
Hace mucho tiempo, mucho antes del Colapso, los astrofísicos grabaron sonidos de los planetas del sistema solar y los convirtieron en música. Convirtieron ondas de plasma y emisiones de radio en inquietantes ruidos musicales, rugidos, siseos y silbidos. El Viajero también emite sonidos. Los Oradores han escuchado su música durante muchos años, en forma de sueños.
Con cuidado, con mucho amor, construyo una máscara. Un amplificador.
Nadie lo sabe excepto yo. No voy a hacerme ilusiones, pese a que las mías están por las nubes mientras le doy los últimos retoques. No es bonita, como lo era nuestra tecnología anterior. Está rayada, doblada y oxidada, como todo lo que tenemos ahora. Pero, si estoy en lo cierto, si puedo conseguirlo, hará cosas hermosas.
No puedo soportar el fracaso. He fallado en todo lo demás hasta ahora.
Cuando termino, me pongo la máscara. Siento las piezas sin lijar ásperas y afiladas contra mi rostro, pero sueño por primera vez en la vida.
|| He gritado en silencio durante tanto tiempo que mi voz es ronca. ||