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11: Respiro

En el perímetro de los muros erguidos, separados del resto de la Ciudad, pequeñas granjas brotan de un suelo rico en guerra y siembran hileras verdes a través de zonas aradas. Las vides sinuosas cual serpientes enredan los restos de armazones de guerra, abandonados hace mucho tiempo. Las semanas transcurridas desde los Seis Frentes habían sumido la ciudad en una rara pausa. Las flores silvestres se llenan de brotes a la Luz del Viajero. Pronto llegarían las lluvias. Los tejidos holgados del verano que hacen bailar los colores al sol dieron paso a la lana texturizada y las capas aislantes. Las borlas esmeraldas ondean al viento sobre postes de hierro, creando una amplia fila de semillas para las festividades del día siguiente. Ikora lleva a los ciudadanos a participar en la conmemoración. San levanta el yugo de sus hombros y se sonríen el uno al otro. No esperaba que tantos pasearan a lo largo de la fila de semillas con ellos antes de la festividad. San saluda a cada transeúnte cuando entran a los terrenos. Algunos le dan la mano, otros le agradecen. Algunos llevan cintas violetas que atan en su estructura metálica. Los pájaros cantan en las zonas más altas de los muros. Zavala mueve los postes finales con borlas para formar un círculo de Wardclash. Shaxx se mantiene petrificado ante un enjambre de niños, todo su ser paralizado mientras relata momentos de heroísmo con detalles exagerados. Ana introduce cohetes solares en farolillos y los coloca al frente de la fila de semillas para los juerguistas. Osiris está ausente, ansioso por esas predilecciones insaciables que lo llevan a preocuparse. El mundo ha crecido a su alrededor. San observa a los ciudadanos esperar su turno en la cola de semillas. Estas se esparcen por encima de cada uno de ellos y el viento conduce sus farolillos a través de los campos y sobre los muros. Un resplandor ardiente irrumpe en el rojo atardecer mientras la gente completa el circuito y regresa a casa. Los guardianes terminan los preparativos y se marchan a sus puestos nocturnos. La actividad da paso a la quietud. "¿Alguien a quien quieras recordar?". Ana le alcanza a San un farolillo vacío. Le da vueltas en las manos. "¿Qué harás cuando venzamos a la Oscuridad? ¿Cuando reine la paz?". "No lo sé". Ana suspira. "¿A veces piensas en los otros trece? Yo sí, de vez en cuando". "Estoy feliz con catorce". Ana le aprieta el hombro. "Yo también, San-14". Y esparce un puñado de semillas sobre él. "Asegúrate de seguir la senda. Está oscureciendo". Le sonríe. "Gracias, Anastasia". Ana asiente. "Para que lo sepas: mejor Ana", le responde y pone rumbo de vuelta a la Ciudad. San-14 rellena el farolillo con Luz de vacío y sigue la senda. "Por Marin". Se sienta. Las palomas se posan sobre él para hacerse con las semillas. Observa el farolillo hasta que ya no puede distinguirlo de las estrellas. "Qué pájaros tan simpáticos. Me alegra que hayáis encontrado un hogar aquí".