12: Márgenes - Parte I
Osiris está sentado en el pequeño jardín de piedra bajo el Viajero. Sus intentos de comunión han fracasado. Había visto al Orador erguirse ahí mismo durante horas.
Ikora había accedido, a regañadientes, a aparecer en su lugar para la Conmemoración. Fue escueta, pero en el fondo sabe que las victorias han inspirado despreocupación.
Existe una presión inminente y abrumadora.
Una soga al acecho de un traspiés.
Un juego delicado.
Las fogatas proyectan sombras. Siluetas distraídas que pasan frente a sus ojos y rompen su concentración.
Osiris respira.
Los jardines de piedra son espacios infinitos. Los confines muestran un horizonte arrasado.
Respira.
Está solo en el vacío. Sin intrusiones.
Hay un punto en la profundidad. Un punto al que no puedes mirar directamente.
Ahonda. Adéntrate. Más.
Aun así, es solo un punto en la profundidad sombría.
La nada. Expansiva.
Osiris se sumerge para adquirir otra perspectiva. El punto sigue ahí.
Es tan tenue. Distante. Aunque sabe que puede vislumbrar la Luz.
Su alcance se estira un poco. La claridad, en el espacio entre la mano y el punto. El punto blanco hueso. Ahora se apaga.
Era la omnipresencia.
Reconocimiento hambriento.
Vasto. Él mismo contra la inmensidad, una media noche cerrada e incesante. Y un punto solitario.