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Ana: Desgaste

Lo había intentado todo. La gran Bray. Un linaje que prometió la salvación. Pero aquello la superaba, iba más allá de su ingenio y arrojo. Rasputín agonizaba en una docena de pantallas vacías esparcidas por todo el centro de mando de Ana. Podía visualizar el código escurriéndose entre sus dedos. La voz de Zavala le zumbaba en el oído, como la bruma en el ambiente, relegada a la profundidad de su mente cual disparos lejanos. La imagen de la onda de distorsión de la pirámide todavía era pura. No se trataba de un ataque. Era una orden. Una perezosa desestimación de los mejores planes que jamás había trazado. No hubo explosiones. Sin sirenas ni chispas espectaculares de electricidad. Nada que combatir o arreglar. Solo un guardián amurallado en silencioso cristal negro e incredulidad. Lo había visto tan claro. Los ojos de Ana seguían a Jinju mientras el Espectro saltaba de consola en consola y unía cadenas de Luz a cada una. Aparcó el frenetismo conforme se acercaba, con cierta pesadumbre. "Ana", la voz de Jinju se tensó manchada por la distorsión. "Creo que lo tengo. La mayor parte, pero no por mucho tiempo". Las palabras se entrecortaban con los lejanos disparos. "¿Qué?", preguntó Ana. Habló primero con un hilo de voz, sin saber qué expresar a medida que procesaba la información. "¡¿Qué?!". Jinju gimió y susurró con exasperación, "Engrama… de escarnio…". "No está preparado". "Ana, ¡ya!". "¡Se volverá loco! No… no puedo". Las ataduras de Luz unidas a Jinju comenzaron a estallar una por una. "¡Es ahora o nunca!". La perspectiva hizo correr a Ana por la habitación. Lanzó una orden al aire y una caja fuerte bajo el suelo se abrió en señal de respuesta. Ana sacó el dodecaedro de la caja y lo colocó frente a Jinju. "¡Hazlo, Jinju!". La carcasa del Espectro cambió de forma para forjar una estructura de conexión antes de que su núcleo estallara en Luz y datos. Una corriente de información pura se introdujo en el engrama y lo llenó de espirales de Luz. "¿Lo has…?". "He hecho lo que he podido". Más allá de las ventanas, rayos de fricción atmosférica arrastraban las llamas a través del cielo mientras los satélites bélicos se desplomaban desde posiciones defensivas en órbitas bajas. Los impactos resonaban en la distancia.