The Grimoire Archive
Grimorio Rastreador Libros

Extasiar II

Ella era la nada. Si existió antes, existió solo como una posibilidad extendida por el éter. Algún día, pudo haber un cuerpo que fuera una anticipación del cuerpo no formado todavía, y un alma que fuera una anticipación del alma no encriptada todavía, pero aún no eran reales. Entonces comenzó el universo, y ella era libre para nacer. Primero fue un mandala, y sobre los anillos del mandala hay gemas brillantes como estrellas. M A R A R A M la simetría cerrada, secreto dentro de sí: y ella lo corta del centro para que sea imperfecto, abierto en un extremo, sin hacer un ciclo de vuelta hasta su propio principio sino sublimándose en una futura posibilidad. M A R A la permutación de una relación en otra, MA que se convierte en RA, RA que se convierte en lo que aún pueda llegar. Dos puntos sugieren una línea. Con esa amputación, alrededor de esa cicatriz, ella se encarna. Despierta con un jadeo. La piedra fría bajo los hombros y la espalda, y una cara encima de ella, radiante. "¿Mara?", dice la cara. "¿Qué soy yo?", susurra Mara. "La segunda", dice la mujer. "Yo soy Alis. Creo que tú eras Mara…". El cielo detrás de Alis florece con estrellas, una bruma de luz como el sol atravesando la niebla, más rico que un núcleo galáctico. A través de ese cielo nocturno arquea la imposible forma gemela de un doble anillo planetario. Mara contempla con asombro. "Lo recuerdo", dice. "Estaba con el cable…". La repentina necesidad de mantener en secreto este recuerdo la hace callar. "Estamos en un mundo", dice, en lugar de eso. "¿Cuánto tiempo has estado sola?". "Desde siempre, creo. Ven". Pone a Mara de pie. "Quiero enseñarte lo que he encontrado". Es un mundo que crece, un mundo que prospera. La piedra es rica en vetas de platino, y Mara saborea hormigueantes inclusiones de elementos transuránicos en una pizca de tierra. Ríos de plata fluyen en deltas fractales hasta lagos tan quietos y brillantes como piscinas de refrigeración. Acres de bosques entretejidos en la raíz de un solo árbol. Hay vida de tanta variedad y energía que cada cosa nueva que ven arrastrarse ha de ser una especie propia. O el concepto de especie no significa nada en absoluto por aquí, y puede que todas esas vidas se entremezclen. Del horizonte sobresale una titánica lanza de metal. La punta de la lanza es un plato de metal, con kilómetros de diámetro, enterrado en el lecho rocoso. "No sé qué es esto", dice Alis. "Solo sé que es mío". Pasan al interior. "Debería de haber otros", dice Mara después. "Había sitio para otros. Miles de otros. ¿Dónde están?". "Están en el mismo lugar de donde saliste. Tenemos que hacerlos realidad". Li se queda mirando a Mara, y destellos de fuego blanco cartografían los diminutos surcos y arrugas de su piel. Sus ojos brillantes se entrecierran. "¿Por qué eras tú la segunda? ¿Por qué tú en concreto?". "No lo sé", miente Mara. Es la primera mentira jamás contada, el primer secreto guardado.