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Tiempos más tranquilos

Hace ya tiempo que conozco a Zavala. Fue uno de los primeros en darme la bienvenida cuando llegué a la Torre años atrás; aunque "dar la bienvenida" puede sonar demasiado agradable, pues conlleva cierta amabilidad y cordialidad, y, Zavala, para los que no se hayan topado con él, no es precisamente la alegría de la huerta. Es una lástima, porque parece que La Guerra Roja lo volvió aún más insensible, aunque supongo que a todos nos afectó de algún modo u otro. En fin, esa primera toma de contacto con él no me dejó muy buen sabor de boca. Odio admitirlo, pero, desde entonces, siempre traté de evitarlo, aunque, en ocasiones, resultara imposible. Poco después de conocerlo, celebré la Aurora en la Torre por primera vez. Todo el mundo estaba de buen humor y fue estupendo ver cómo la gente a la que había cogido aprecio hacía por sonreír y brindar con los demás. Recuerdo que Tess y yo acabábamos de terminar de decorar un poco cuando ella tuvo que marcharse y vi a Zavala caminar hacia mí. "Ay, no", pensé, "este tipo no". Se aproximó igualmente, de modo que sonreí y le deseé una feliz Aurora, porque sí que quería que le fuera bien. A veces, las personas más serias son quienes ocultan los corazones más tristes. Él me respondió de igual forma y, entonces, pasó algo inverosímil: ¡sonrió! Intercambiamos breves cortesías y… no recuerdo qué dije para dar pie a esto, pero, en fin, me respondió "¡Ah, eso me recuerda a un chiste!". ¡Un chiste! Al principio pensé que no lo había oído bien, pues nunca me pareció que el Vanguardia de titanes fuera de andarse con bromas. No obstante, me di cuenta de la postura mucho más relajada que había adoptado en cuanto comenzó a contar su historia. Parecía que el espíritu de la Aurora había embargado incluso a aquel hombre impasible. Ya solo recuerdo algunos fragmentos del chiste; creo que tenía que ver con un guardián y un capitán caído… Lo que sí recuerdo con total claridad es que se trabó al comenzar y tuvo que empezar de nuevo. Le ofrecí una sonrisa de lo más alentadora para que se animara y prosiguió con el chiste más largo e incómodo que he escuchado en mi vida. Eso sí: lo disfruté desde el principio hasta el final. En serio, nada me habría hecho más feliz en ese momento. Me reí a carcajadas con Zavala y habría jurado que él irradiaba pura felicidad. Pocas cosas hay más bonitas que ver cómo se retira una coraza tan pesada. Lo admiraba tanto en ese momento que pudo superar todos los límites que se había impuesto. Recuerdo que deseé poder llegar a sentirme a mi manera tan valiente como él algún día. Por primera vez, no lo respeté por ser uno de los líderes de la Ciudad; por primera vez, sentí un aprecio real y auténtico por Zavala como persona y como amigo. Desde entonces, siempre lo he tenido en alta estima. --- Gjallarchurros: Mezcla caña de éter y explosión deliciosa, añade esencia de la Aurora y luego hornea.