La tradición es superior a ti
Cuando Tess me contó que los androides habían organizado la Aurora en la nueva Torre mientras yo me encontraba en la Villa, pensé que cómo pudieron hacerlo sin mí. Entonces, me dije a mí misma: "Eva, estas tradiciones son superiores a ti. Viven en los corazones y las mentes de las personas que las han ido transmitiendo de generación en generación".
Ahora, estoy de vuelta en la Torre ayudando a que esta celebración de la Aurora sea la mejor de la historia y yo misma mantengo una tradición que no tengo más remedio que repetir año tras año: le pido a Ikora que prepare el cristal de la Aurora e insisto hasta que lo haga.
Le pido que haga un hueco en su agenda para hablar sobre los adornos, pero sé que está siempre muy ocupada con asuntos importantes de la Vanguardia. Es por ello que, cuando me aproximo a su habitación y oigo murmullos, no entro sin más, sino que me acerco con discreción.
Ikora susurra y parece casi enfadada. "¡¿Adornos de la Aurora?! No tengo tiempo para frivolidades…".
Una voz masculina responde: "No son «frivolidades». La gente lo necesita. Comprendo que sea duro para ti al tratarse de la primera Aurora sin Cay…".
"Cállate, Ofiuco. Ya basta". No consigo ver con quién habla Ikora ni reconozco su nombre, pero las palabras de la Vanguardia denotan virulencia. "Tengo otros asuntos de los que ocuparme. ¿Qué me dices de los últimos informes sobre la Costa Enredada? No sé qué pensar. Y mis Encubiertos han avisado de que se avecinan problemas más cerca de nosotros…". Observo cómo su mirada recorre el pasillo principal hasta llegar a un aislado rincón con una puerta entreabierta.
"Sí, Ikora, pero…".
"Y seguimos sin noticias de Osiris. Tampoco es que tuviera esperanzas, pero…". Niega con la cabeza.
"Con todos mis respetos, ¿por qué no te pones en contacto con él?".
"Podría hacerlo, pero no tengo tiempo para…". Hace una pausa. "¡Eva Levante!".
Me esfuerzo por pisar fuerte y hacer sonar mi manojo de cristales de la Aurora conforme entro para que no sospeche que estaba escuchando a escondidas. Ikora me observa de brazos cruzados. Su Espectro revolotea a la altura de su cabeza, emitiendo zumbidos de alerta.
"¡Feliz Aurora, Ikora Rey!", entono. A juzgar por mi enorme sonrisa y la determinación con la que le extiendo mis diseños para que elija, sabe que acabaré antes si acepta. Ella respeta nuestra tradición, así que, pese a negarse un par de veces, a la tercera termina cediendo. "Vale, Eva, vale". Sin embargo, no cree que el cristal tenga relevancia y esquiva mi mirada, pero su Espectro me guiña el ojo.
El diseño que promete elaborar es exquisito.
Acordamos volver a vernos cuando lo haya terminado. Voy a buscarla al bazar mientras hago recados con mi ayudante Malia. ¡Cuántas obligaciones de última hora! Cuando nos acercamos, Ikora y su Ofiuco están reunidos. Ella no para de negar con la cabeza. Aun así, alza los brazos y, de repente, un enorme cristal de la Aurora emerge en los cielos sobre la Torre, como un millón de diamantes suspendidos en el aire.
Malia se queda con la boca abierta; nunca había estado tan arriba en la Torre ni había visto el cristal de la Aurora de cerca, solo muy lejos desde la Ciudad. De la impresión, deja caer todos los paquetes que lleva encima.
La Vanguardia de hechiceros la ayuda a recogerlos y los va apilando hasta que se da cuenta de que Malia sigue petrificada, de rodillas, observándola a ella y a sus manos, que habían creado luz de la nada. El rostro marcado de la pobre chica se baña de lágrimas que no cesan de brotar, por mucho que se seque con la manga. La familia de Malia escapó de la Ciudad durante la Guerra Roja y, pese a que sobrevivieron y vuelven a tener un hogar, sus vidas casi siempre han estado privadas de buenos momentos.
Malia le toca el brazo a Ikora y articula con los labios un agradecimiento. Se pone roja al instante.
Entonces, me arrodillo yo también —cada vez con más lentitud hoy en día— para recoger los paquetes de Ikora; todos menos uno con un lazo dorado y estampado con un ojo abierto envuelto por un sol. Asiento conforme lo coloco sobre sus manos. Entonces, escucho al Espectro de Ikora susurrar "Te lo dije", a lo que Ikora responde "Cierto".
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Agujeros de donut del Viajero:
Mezcla aceite cabal y destello de inspiración, añade esencia de la Aurora y luego hornea.