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Brephos III

"De verdad que no me importan los riesgos que asumas", suspira la madre de Mara. "Ese es el trato que hicimos, mi estrellita amarilla…". "¡Mamá!", protesta Mara. "Mi tubo de silicona desechado, mi dulce motita de pintura…". A Osana le gusta comparar a Mara con pequeños objetos pestilentes que van a la deriva cerca de las naves espaciales, como los cristales de orina congelada. Según el parecer de Mara, Osana es la culminación de un proyecto empeñado durante siglos en crear la madre irritante suprema. También es muy directa: "Mara, hasta cuando eras pequeña, querías que te tratara como a una adulta. Y eso he hecho. Pero te acuerdas de lo que te dije, ¿no? Si no quieres ser mi hija, no puedo vigilarte como lo haría una madre. No puedo darte preferencia, como haría una madre. Siempre seré tu amiga, pero yo también tengo que tomar mis decisiones". "¡Eso no significa que tuvieras que decírselo a la capitana!". Bajan hombro con hombro por la escalerilla que da a la cámara de la capitana Li. Mara sigue tratando de ir un paso por delante, de llevar la delantera, pero Osana consigue alcanzarla constantemente. "Pues claro que tenía que hacerlo", contesta Osana. "Creaste una secta, Mara. Si no le hubiese dicho nada a la capitana, el Departamento de Disciplina habría tenido esta conversación contigo. ¿Eso es lo que quieres?". "Yo no hice nada. A la gente le gustaban mis capturas. La gente me dejaba regalos, piezas de repuesto, propinas… y luego Uldwyn se metió, ya sabes cómo es él… "¡Basta!", Osana se vuelve hacia ella. "Qué vergüenza, Mara. Sabes que tu hermano te sigue a todas partes. Sabes que no es capaz de tener la misma…", contrae los labios, "actitud imperial. Sabías que él alardearía de que tú vivieras sobre el casco, y lo dejaste hacerlo. Una cosa es tener un determinado poder sobre la gente, Mara. Y otra es negar que lo estás usando". Mara cree que se le ocurrirá una respuesta mordaz, solo necesita unos pasos más, pero es demasiado tarde. Se abre la escotilla de la cámara de la capitana Li. A Mara le aterra este lugar. Aquí es donde la capitana Alice Li, una presencia divina en la vida de Mara, conecta con los oficiales que son las manifestaciones de su voluntad. Dado que Mara quiere ser Alice Li algún día, la cámara hace a Mara sentirse como una princesa usurpadora espiando la corte de su rival. La capitana Li les ofrece un té. Mara no se puede imaginar las formas en que estará destrozando lo que debe de ser una intrincada y sutil ceremonia del té. Li sirve té verde caliente en un juego de cerámica pre-Viajero muy estropeado, y luego adultera inmediatamente su propia taza con leche de la cosa-vaca de la biocubierta. "Asqueroso, ¿verdad?". Sonríe ante el horror perplejo de Mara. "Deberías haber visto lo que le ponía al té cuando acampaba en Mongolia. ¿Entiendo que tu acompañante, que es también tu madre, tiene ciertas reservas sobre tu relación con el resto de la tripulación?". "Mi querida Mara", dice Osana, "se ha granjeado, estoy segura de que de manera totalmente accidental, cierta reputación como divinidad menor. Sus capturas del exterior de la nave son artículos valiosos en el mercado. La gente dibuja arte en su honor. Le dejan… propinas". "¿Haces capturas en las actividades extravehiculares, a veces sin traje?". Li asiente con la cabeza. "Sí, alguna he hecho. Una sensación extraordinaria". Esto hace sonreír impetuosamente a Mara. "Mara, eres una auturga, una voluntaria. No puedo ordenarte que pares, y tu trabajo es ejemplar. ¿Pones a alguna otra persona en peligro con tus proyectos… artísticos?". "No", dice Mara. "Solo a mí misma". "¡Falso!", exclama Li. "Esa es una respuesta egoísta. Ahora eres un símbolo para mi tripulación, una diosa de la casa. Si murieras, perderían algo importante, algo humano que han creado a partir de la soledad y el vacío. Sería un recordatorio inolvidable de la nada hostil que nos rodea. Cuando tú te pones en peligro, pones ese símbolo en peligro. Formas parte de la coraza del comportamiento de esta misión, Mara". Mara está atónita. Nunca se lo había planteado de esa manera. "Lo único que hice fueron unas capturas. No pedí ser la… mascota de nadie". "Te presentaste como una vía para acceder a conocimientos secretos", replica la capitana Li. "La gente te convirtió en algo, Mara. Acepta este consejo de una capitana de nave: lo que la gente hace de ti, lo que crea a partir de ti, incluso sin tu consentimiento, se convierte en una especie de responsabilidad. Si la Mara que ven cuando te miran es buena para ellos, entonces tienes cierto deber de ser esa Mara". Luego mira a Osana. "¿Cómo está tu hijo? Ha pasado por el hospital más veces que ninguno de los otros luchadores clandestinos". A Mara no le sorprende que la capitana Li esté al tanto de las peleas. "Mi hijo", dice Osana, "está empeñado en convertirse en su peor enemigo. Gracias por tomarte el tiempo de hablar con nosotras". "No es nada". Li las examina fríamente. "Me gusta estar informada de… las personalidades curiosas. Gente que podría adaptarse al aislamiento a largo plazo mientras el resto estamos en criogenización. Gente que permanezca insomne mientras los demás duermen".