Cardado
La Legión de las Sombras avanza por las calles en formación cuadrangular con unos pocos exploradores al frente. Hay dos pesos pesados: colosos. Incluso con las luces brillantes de Neomuna, es posible distinguir las siluetas de sus característicos cañones, que les hacen ir más despacio.
La titán sale para bloquearles el camino. Hay un poder aquí, un lugar en el que algo nuevo e intenso fluye cerca de la piel del mundo. Está tan cerca que podría tocarlo.
Así que lo hace.
La ciudad reluciente se despierta. El potencial y la conexión tejen una red de comprensión por las calles y ella lo entiende todo. Entiende cómo los exploradores aparecerán en la próxima intersección para intentar flanquearla y entiende el movimiento de la formación de la Legión de las Sombras, y cómo cada soldado se conecta con el siguiente. Un baile hermoso de aquello que está unido inextricablemente.
Se envuelve los puños con esos vínculos y se lanza al ataque. Los enemigos se dispersan como si fueran bolos, o como los ratones cuando hay un gato entre ellos. Es perfecto. Se va abriendo camino entre cada legionario y siente un zumbido en los hilos que le dice que se mueva. Se gira 180°, se inclina hacia atrás y se desliza para salir de la situación con gracia e instinto: un coloso cae.
Y entonces se pregunta cómo ha sabido lo que tenía que hacer.
Ahora se esfuerza demasiado por anticipar. Siente avisos y movimientos que vienen de todos lados y reacciona, pero de modo consciente, a un nivel en el que tiene que pensar demasiado qué movimiento va a hacer, lo que la deja medio segundo por detrás. Un paso aquí y un puñetazo allá y los hilos chirrían. La armonía se vuelve advertencia, que a su vez se vuelve discordancia cuando la titán se da cuenta de que no sabe hacia dónde saltar.
El fuego serpentea hacia ella, un escudo pesado aparece y todos los hilos se esfuman.
Pasa unos momentos inconsciente y lo siguiente que recuerda es ver a su Espectro agachado a su lado y un toque de Luz intensa arrastrándola a un cuerpo entero y a una mente sana. La sensación de potencial permanece, un latido bajo la superficie, una promesa en la batalla.
Desesperada, la titán lo intenta de nuevo, pero las hebras se rompen en sus manos. La Legión está demasiado cerca y ella ansía demasiado, y demasiado rápido. Va a llevarle tiempo volver a respirar y encontrar la armonía perfecta que tenía. Y ni hablar de alcanzar la Luz: tiene los nervios crispados y la mente en blanco.
El coloso que queda carga el cañón. El Espectro se golpea contra su casco y ella hace lo único que le viene a la cabeza: huir con el Espectro en su mano dejando atrás su espada favorita, fundida e inútil.