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Registro de la atadura II

Llamamos "atadura" a este poder, que representa las hebras del mundo tal y como está tejido si el universo consciente pudiera considerarse un tapiz. Los análisis y los datos obtenidos sugieren que quien usa atadura empieza a ver, dicho de manera sencilla, las conexiones. Entre los aliados y entre los enemigos. Es una fuerza que siempre está presente, pero que emana a la superficie con más intensidad en determinados lugares. Quizá sean lugares en los que piensa mucha gente o por los que han pasado muchos seres. Nota: Analizar estas "fuentes" con la ayuda de Nimbus. Puede que tenga más contexto en cuanto a ubicaciones. El verdadero poder de la atadura no reside simplemente en las conexiones, sino en cómo este permite manipularlas. Es posible convertirlas en algo físico y, después, tirar de ellas, romperlas o hacer un nudo con ellas, o deshacerlas por completo. La atadura no está libre de peligros, pero eso no es nada nuevo para los guardianes. Quienes portan el estandarte de invocatormentas, por ejemplo, tienen su conocida contienda con la tormenta, y la Vanguardia consideró al vacío un peligro durante muchos años. El peligro de la atadura surge del mero hecho de manipular esos hilos. Como sucede con muchos otros poderes, cuanto más se acerca alguien a su fuente, más probable es que esta tenga efectos sobre quien lo usa. Este riesgo no viene de la Oscuridad. O, más bien, solo lo hace de la misma manera en la que los incendios forestales son un producto de la Luz, como una consecuencia natural. Ese aspecto de la Oscuridad que se deleita con la destrucción, que fomenta la entropía fácil para obtener poder, no tiene que ver con esto. Puede que ni siquiera forme parte de verdad de la Oscuridad… Ya he tocado la atadura con mis propias manos. Con cuidado, porque tengo muy presente la mortalidad, pero debo entender mejor este poder para poder instruir a nuestro sujeto sobre él. Actuó a modo de pararrayos mientras yo experimentaba, y recibió las consecuencias. Es raro ser consciente del tamaño propio dentro del espectro de la existencia. Querer dirigirlo o controlarlo es un instinto natural. Todo sea por sentir que no se está totalmente a la deriva en medio de algo enorme y envolvente. Pero justo cuando alguien intenta hacerse con el control, el tejido se convierte en una maraña devoradora.