DLXXIX.
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Registrada por el escriba Tlazat
Tras doce horas de violentos temblores, el emperador regresó. Mostró un comportamiento errático y de su discurso se desprendió que había sufrido alucinaciones mientras se encontraba fuera de la nave. Un Real Mecánico encontró un fallo en el manómetro del traje del emperador, lo cual tal vez explicara su cambio de comportamiento, aunque era increíble que tanto él como su traje permanecieran tan intactos después de doce horas en esas insondables condiciones.
A su regreso, el emperador proclamó lo siguiente con una mirada de obsesión:
"Hemos llegado al fin del mundo y he contemplado su extensión. Me ha susurrado al oído y me ha iluminado. La muerte se acerca y me ha convertido en su heraldo. El fin lo devorará todo".
En ese punto, el emperador soltó un gran suspiro, como si se hubiera quitado un peso de encima.
"Y cuando nada importa, ¿qué queda? Dicha, consuelo, libertad. La verdadera libertad de perseguir el placer por el placer, porque te complace, porque lo deseas. Lo sabía mientras gobernaba y lo olvidé en el exilio. No lo volveré a olvidar".
Los consejeros y yo animamos al emperador a descansar, por si aquel extraño comportamiento fuera una enfermedad pasajera de la mente. Antes de retirarse a la sala de observación, el emperador describió su encuentro con todo detalle. Zhozon me ofreció este extraño relato:
"Fuera de la nave, el emperador miró hacia los confines del universo y nada vio. No es que no viera nada inusual, sino que vio la Nada: la ausencia de luz, de oscuridad, de vida, de muerte; la ausencia de cualquier cosa, incluso de la propia ausencia. Y de la Nada surgieron susurros en una lengua oscura que llenaron su cabeza con tanta intensidad que olvidó por un momento su propio idioma. Y, de repente, la Nada se dispersó para mostrar Algo: una flota de naves extranjeras. Luego presenció la destrucción de muchos mundos y criaturas, incluidos todos sus enemigos y él mismo, y vio la podredumbre y la descomposición de su propio cadáver y esqueleto. Por último, antes de liberarlo, los susurros se volvieron más fuertes y le concedieron el honor de difundir la nueva del fin".