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DLXXVIII.

DLXXVIII. Registrada por el escriba Tlazat Después de muchos días de vuelo ininterrumpido, el Leviatán sufrió una violenta avería. Este humilde escriba prefiere no recurrir al lenguaje metafórico cuando está en juego la exactitud de la historia, pero, en circunstancias tan inusuales como las que se dieron, la crónica podrá perdonarle que se desvíe hacia lo subjetivo: fue como si una mano gigantesca hubiera arrancado la nave del cosmos como una baya, la frotara entre el índice y el pulgar, la apretara y la probara para ver su madurez y, después de encontrarla satisfactoria, la arrojara hacia atrás en una dirección ignota hacia unas fauces desconocidas. Como resultado, los sistemas de navegación y de energía de la nave se vieron tan gravemente alterados que los Reales Pilotos no pudieron discernir qué había fallado ni cómo podía repararse. La nave se sumió en el desorden y la oscuridad, y la tripulación se congregó alrededor del emperador en busca de su consejo y su amor. En lugar de prestárselos, el emperador se atavió con un traje de gel de presión y exigió salir de la nave sin compaña alguna. Calus dijo: "Deseo ver en privado el destino de mi destierro". No se le pudo persuadir de lo contrario. ////// Yo, Tlazat, debo romper las convenciones de redacción de nuestra crónica por temor a que esta entrada sea la última del Cronicón, Lente de la Verdad, Compendio de la Felicidad y Símbolo de la Generosa Benevolencia de su majestad el emperador. Han pasado dos horas desde que el emperador saliera de la nave. Nos sacuden temblores intermitentes lo bastante fuertes como para arrojar incluso a los guardias más firmes contra las paredes. Shagac y varias docenas más han quedado inconscientes. Zhozon, el confidente más querido del emperador desde su exilio, se queja de una presión creciente en el cráneo y doce más sangran por los oídos. Las Reales Bestias aúllan con una furia incesante. Ya no soy capaz de transcribir a mano. Escribiré con la mente hasta que no pueda más. Tenemos miedo. Tememos que el enemigo nos haya enviado a este lugar para morir en la oscuridad, lejos de la mirada del ferviente público de Calus. El emperador no ha regresado y seguramente haya muerto.