Elaia
"Savathûn dio por hecho que me confinaría en mi trono: bien por propia voluntad, buscando su seguridad, o porque me atraparía".
Ikora negó con la cabeza mientras sonreía. Eris también sonrió.
"No anticipaba el ingenio de los guardianes, y me juzgó mal".
"Como todos los que asumimos que tu muerte era definitiva". Al admitirlo, la sonrisa se desvaneció del rostro de Ikora.
"Yo también lo hice". Eris inclinó la cabeza mientras estudiaba a Ikora. "Crees que deberías haber venido a buscarme, ¿verdad? No, hiciste lo correcto, Ikora. Nadie podría haber vaticinado que iba a salir de esta con vida".
Estaban juntas en su trono, un mundo hecho a su entera medida. Pero, curiosamente, Eris no comprendía todo lo que contenía.
"Intentas consolarme", susurró Ikora con la voz agarrotada. "No deberías. Eris, eres tú quien murió".
"Sí, pero eres tú quien lloró mi muerte".
Ikora se giró sin que Eris se lo impidiera. Aceptar que alguien te consuele no es fácil, como bien sabía. En silencio, ambas estudiaron el lomo de diferentes libros, tanto antiguos como nuevos; las runas grabadas en ellos brillaban delicadamente con fuego de alma.
"Te he echado de menos", admitió finalmente Ikora. "Tenía la sensación de que… te había fallado, que debería haberte protegido, aun sabiendo que no te habría hecho gracia".
"Esa es tu maldición", contestó Eris apesadumbrada. "La responsabilidad".
A Ikora le hizo gracia y se sorprendió riéndose. "Ofiuco y tú tenéis visiones muy diferentes".
"Los Espectros siempre se preocupan".
La media sonrisa de Ikora se desvaneció, ocultándose bajo una fachada de la solemnidad. "¿Hice bien en dejarte marchar?".
"No te habría dejado hacer otra cosa", contestó Eris. Luego señaló la biblioteca infinita en espiral que mecía su ser más íntimo. "Estas bibliotecas me van mucho mejor que la de la Torre. Hiciste lo que pudiste, Ikora":
Tras ofrecerle su perdón, ambas permanecieron en silencio. Ikora decidió romperlo acercándose a Eris con los brazos abiertos. Ambas se fundieron en un abrazo durante un buen rato.
"Ni se te ocurra volver a hacerlo", le susurró Ikora.
"Descuida", respondió Eris.