Ion
"¿Y cuando escape?".
"Si escapa", le corrigió Eris.
"Cuando escape, le habrá echo un agujero a tu mundo trono para volver al Acorazado", continuó Sloane. "Este sitio está en peligro, y la Ciudad también. ¿No te importa correr ese riesgo?".
"Siempre existe un riesgo", dijo Eris. "Debemos asumir que es algo inherente cuando confiamos en alguien y nos concentramos".
Las palabras eran mordaces.
"La confianza no funciona de esa manera", dijo Sloane mientras intentaba relajar la mandíbula.
"¿No?". Eris miró de soslayo a Sloane con ojos demasiado verdes; a la subcomandante no le gustó. "¿Cómo funciona la confianza, subcomandante Sloane?".
"La confianza se gana". Sloane descruzó los brazos y volvió a cruzarlos, pero al revés. "Se confía en alguien que nunca falla, que demuestra que tiene las habilidades y la constancia necesarias para terminar un trabajo. Requiere tiempo, pero, cuando pasa el suficiente, sabes que esa persona honrará su palabra. Y cuando te promete lo imposible, no dudas, porque sabes que lo cumplirá cueste lo que cueste. Eso es la confianza: certeza".
"Ya veo". Eris parecía esforzarse sobremanera por permanecer impasible. Trazó líneas firmes y sólidas en el suelo de su biblioteca trono, una tras otra, con determinación.
A Sloane le ardía el brazo, pero lo ignoró.
"La confianza siempre supone un riesgo", dijo al fin Eris. "Es susurrarle un secreto a otro al oído y esperar que no lo cuente. Es asomarse al precipicio mientras te sujetan. Pero siempre te cuestionas cada paso. ¿He ido demasiado lejos? ¿Es este secreto el que hará que te traicione? Pero nunca lo sabrás, al menos no con certeza. Entender a alguien por completo es imposible. Solo puedes suponer, esperar y confiar".
"Suenas como Savathûn", replicó Sloane, pero se arrepintió casi de inmediato. No era verdad, pero detestaba cómo Eris retorcía las cosas en su mente, cómo le daba la vuelta a una pregunta que debería ser fácil de responder.
Eris subió sus quitinosos hombros, pero, como estaba de espaldas a Sloane, era difícil discernir cómo le había sentado la acusación. "Algo hay que hacer, subcomandante. Yo confío", enfatizó la palabra, "en que estarás ahí para reprenderme si me equivoco".
Sloane torció la boca. "Cuenta con ello", respondió. "Pero pulverizar el Eco es más importante que cualquier otra cosa, tenemos que ocuparnos de él de una vez por todas".
"Ahí lo tienes". Eris se giró con un brillo en la cara que Sloane rara vez había visto antes. "Eres una certeza. Pese a todo el riesgo, sé que no permitirás que este asunto se quede a medias".
Para Sloane, esa no era la lección que Eris debía extraer de la conversación. "Solo soy una titán", contestó Sloane con seriedad. "En caso de que logre escapar, vamos a necesitar más potencia de fuego".
Eris dudó por un instante; eso era lo más cerca que Sloane iba a estar de la victoria. "En ese caso, haz lo que debas hacer", dijo. "Avisa a quien estimes necesario. Yo me ocuparé de esto; es mi deber. Soy consciente del riesgo, y no lo haría si no estuviera justificado".
La recompensa de un trabajo bien hecho siempre era más trabajo. "Vale", dijo Sloane apretando los dientes.
Al menos Eris confiaba en ella, de un modo u otro. Algo es algo.