VII: El Amputado y la Deshecha
EL LAMENTO DE AKRAZUL
"Tanto mi cuerpo como mi mente son inferiores, hermana.
Tu deshacimiento me completará.
El brazo que perdí ante las criaturas de la Luz defendiendo el reinado fútil de nuestro Rey de los Poseídos me ha convertido en un paria.
La deshonra de mis fracasos arroja sobre nosotros una vergüenza incesante que se extiende como una enfermedad, señalándome no solo a mí, sino también a ti y a nuestra querida Malkanth. Soy una plaga. Un desprecio marchito.
Sin embargo, aquí… en tu abnegado regalo, hallo un nuevo propósito.
Volveré a encontrarme en tu carne y en tu hueso.
En ese descubrimiento, siempre te recordaré.
Ya que serás mi receptáculo en este plano físico. Y yo seré el receptáculo de tu esencia. El núcleo puro de tu voluntad vivirá en mí… para siempre".
EL ORGULLO DE AZAVATH
"Tus palabras me dan alegría, hermano.
La última que tendré.
Pero debes saber que esos placeres son insignificantes en comparación con mi odio… con mi rabia.
Elijo el deshacimiento solo porque conozco el poder de tu ira, contenida desde tu amputación, pero que hierve bajo la superficie de tu corazón de carbón.
Me entrego libremente como se entregaron los más débiles del Foso, como olas que rompían contra la costa escarpada de la hoja de Zulmak.
Lo hago porque veo claramente el camino que trazamos. Su propósito surge de la herejía, pero es puro, igual que tu ira.
Lo único que lamento es que no la veré manifestarse. Que no sentiré cómo estas manos castigan a los indignos… a la existencia.
Serás un gran monarca, hermano. A través de mí…
En mi nombre, escrito por toda la inmensidad: Azavath, la Reina Sufridora de un Enjambre en perpetuo ascenso.
En mi cascarón, el receptáculo armado de mi querido, dulce y vengativo Akrazul… Mi príncipe que ya no estará roto".