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En la refriega

No estaba lista, pero no me quedaba otra opción. La maquinaria cabal estaba lista para arrasar la Tierra y desgarrar el suelo para conseguir lo que sea que hubiera bajo él. El problema era que mi guardiana, a la que tanto tiempo había estado buscando, se encontraba durmiente en su trayectoria: una cáscara inerte a la que había que despertar antes de que sus restos quedaran pulverizados y me quedara sola, para siempre, sin mi elegida. Fue… desafortunado que la encontrara segundos antes de que el equipo de sondeo de la Legión Roja llegara. Pero hice lo que tenía que hacer. Al fin y al cabo, hay algunos riesgos que merece la pena correr. Era ahora o nunca. Además, no hay nada como elegir un mal momento. Me abrí al obsequio del Viajero y la bañé de luz conforme la maquinaria se iba colocando. Mi nueva guardiana dio una bocanada de aire y se sentó, gritando como si de una pesadilla se tratara. Nada bueno. La seguridad cabal nos encontró al poco. Sus disparos de postas resonaron. Antes de que pudiera siquiera tomar una segunda bocanada de aire, mi guardiana estaba muerta… otra vez. Me giré y la volví a escanear conforme el equipo preparaba sus quemadores. Los cabal lanzaron sus bestias de guerra contra nosotras. Mi guardiana se alzó conforme la tierra se calentaba y las bestias de guerra cargaban. Estaba confundida, como era normal. "¡Corre! ¡Vamos!", traté de avisarla, incitándola a moverse. Pero no hacía más que mirar a los lados, mareada, confundida. Entonces, vio a las bestias. Parece ser que el instinto es persuasivo, pues se levantó al momento, salió corriendo de los quemadores y de los rechinantes dientes que le pisaban los talones. En cuanto salió de la zona, los cabal abrieron fuego. Ahí fue cuando el riesgo se volvió recompensa… Mi guardiana no se escondió. No se acobardó. Todo lo contrario, se enfadó. Se volvió agresiva. La mujer que tanto llevaba muerta solo había pasado unos instantes entre los vivos y ya era una con la guerra. Me pregunto si es eso lo que hace de la humanidad el arma perfecta, si eso es lo que la hace una fuerza a tener en cuenta. No soy quién para hablar. Aunque lo que vino a continuación me calmó y me ofreció un atisbo de orgullo. Mi guardiana cargó contra el cabal más próximo, una criatura de guerra que ella no había visto antes, una bestia descomunal provista de una armadura gruesa blindada. Se movió, esquivó de izquierda a derecha y reculó para evitar los disparos. Una bestia de guerra arremetió y clavó sus fauces en el antebrazo de mi guardiana. Ella gritó. El cabal se rio. Las demás bestias la cercaron. Entonces… Mi guardiana, la mujer que acababa de renacer en la Luz, agarró a la bestia que le aferraba el brazo por las patas traseras, se alzó y dejó caer todo su peso sobre la columna del monstruo con la rodilla por delante. Ese sonido, el crujido de un hueso y un repentino alarido, provocó que las otras bestias se detuvieran y que el cabal reprimiera su risa. Mi guardiana prosiguió con su arremetida, sin dudar. El cuerpo renqueante de la bestia seguía adherido a su brazo. Tiró hasta liberarse, podía oír cómo se desgarraba la piel, pero no se contuvo. Al contrario, recortó distancias, corriendo hacia el cabal, agarró la bestia con su brazo bueno. Este alzó su arma, pero ya era demasiado tarde. Las demás bestias arremetieron conforme mi guardiana aporreaba al legionario con el cadáver de su mascota. Fue brutal y rápida. Traté de advertirla cuando las bestias de guerra atacaron, pero no importó, ya tenía al lanzapostas del cabal en la mano. Lo que sucedió a continuación… prefiero no contarlo al detalle. Era nueva entonces, recién resucitada en un mundo vertiginoso y violento. Solo diré que sigo aquí y que mi guardiana está cerca, y en algún lugar en lo más profundo de la Zona Muerta Europea existe una zona que sigue tintada con manchas de sangre cabal. (Tam, un Espectro narrando la resurrección de su guardiana)