Desde territorio caído
Estoy en silencio, no estoy aquí, los caídos no pueden verme, no pueden saber quién soy. No soy una sombra, pero me muevo entre ellas, en silencio, deliberadamente, con el mismo propósito que cuando entré en su hondonada un mes atrás. Utilicé la luz diurna a modo de máscara, pues el bosque es estéril, es… es un lugar muerto, mires donde mires, resuena un zumbido constante mientras los saqueadores se dedican a desvalijar las antiguas glorias de este mundo. Yo miro, aprendo, registro y conservo… mi obsesión es cada uno de sus movimientos. Aguardo en su propio mundo, pese a que no conozco su lengua maldita, pero otros sí la conocen, y la descifrarán, encontrarán los secretos que oculta. Los secretos no son sino armas, y yo soy un instrumento para resolverlos. Son enemigos, son crueles. Aprenderé y compartiré mis conocimientos hasta derrotarlos a todos.
¿Qué son esos alaridos? Me he adentrado mucho, no sabría decir cuánto. He rastreado cada metro, mapeado cada camino. Pero este laberinto es sinuoso y sus vítores resuenan, violentos, llenos de alegría, y dudo si seguir investigando al acceder a caminos desconocidos plagados de seguridad… Sí, sin duda es un lugar especial, un lugar sagrado, mecanizado, y los gritos se mezclan con alaridos y chirridos de mecanismos… el jolgorio con el dolor. Hay sufrimiento aquí, castigo… ¿será un ritual? Tengo que descubrirlo para que todos lo sepamos. Me muevo lentamente, con cuidado… no me pueden… espero que no me detecten… Metro a metro, cualquier lugar en el que pueda ocultarme. Veloz, exponiéndome solo cuando sea necesario. Me abro paso, dejando otros caminos sin explorar. He de comprender el motivo del jolgorio. Pero al final cesa. Reemplazados por los días y noches armoniosos y laboriosos de los piratas. Nunca paran a descansar, o más bien… cuando unos descansan, los demás siguen trabajando, preparando misiones de saqueo, moviéndose entre las ruinas, preparando sus flotas, sus armas, su veneración. El modo en que veneran a las máquinas… debería hacerme sentir a salvo aquí, debería ser uno de sus dioses… ¿Soy una máquina? No lo sé, no sé nada. Su veneración no es tan sencilla. Ahora que la cacofonía entusiasta ya no resuena, aminoro el ritmo, pero sigo al tanto y trato de ubicar su origen.
Pasan semanas hasta que vuelvo a escucharla. Una ceremonia acaba de terminar y me dispongo a enviar una recopilación de todo lo que he visto, pues me están observando. Son mis instantes finales, no hay duda. La ceremonia consta de combate, ritual y furia, es un foso y una arena en la que los inferiores e indignos han de mostrar su valor o sufrir y morir. Ah, qué manera tan sucia de luchar, cómo pelean para sobrevivir o prosperar. En este foso, ante los ojos de un arconte, los elixni deshonrados pueden redimirse y los piratas inferiores pueden mejorar su posición: de escoria a vándalo, de vándalo a capitán, de capitán a… Esta es su forja, su tribunal, su juicio ante sus superiores. Aquí es donde se enfrentan, matar o morir, prosperar o perecer. Los débiles no valen nada y los demás observan, ríen y gritan conforme el arconte los supervisa. Pero ya nada me importa. El fervor se convirtió en distracción, y ahora los ojos del arconte se han cruzado con los míos. Me he adentrado demasiado, la huida no es una opción, y creo que está sonriendo…
(Las últimas transmisiones frenéticas de Wren, un valiente Espectro de la red espectral)