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Un gran aficionado

Immaru flotaba alrededor de una gran multitud esperando el momento oportuno. Intentaba pasar desapercibido. El Espectro de la colmena se había escabullido de la Torre y había dejado allí su puntiaguda carcasa ósea para no llamar la atención. Robó una vieja carcasa sombreada de un cajón repleto de trastos. Las gafas de sol le permitían moverse a escondidas. Visto lo estridentes que eran las carcasas que llevaban los engreídos Espectros de la Torre, Immaru estaba convencido de que pasaría desapercibido con su nueva apariencia. Deambuló un rato por la Última Ciudad, viendo a los ciudadanos pasar de una tarea insustancial a otra. Desde que resucitó a Savathûn, Immaru había sido testigo de la creación de un mundo trono, conjuros de envergadura cósmica e invasiones interplanetarias. Estar confinado con los humanos, verlos regatear por brochetas de carroña chamuscada, era una verdadera tortura. Estaba tan aburrido que se planteaba volver a la Torre cuando una muchedumbre animada llamó su atención. Salían a las calles procedentes de casas, bares y salones de apuestas, y se dirigían a las afueras de la Ciudad. Immaru flotaba entre ellos. Más tarde, la multitud llegó hasta el perímetro de una base militar abandonada. Los más adinerados ignoraron a los Redjacks y entraron en la base; los demás, que eran la mayoría de ellos, se congregaban en torno a inmensas pantallas instaladas fuera. Estas retransmitían las salvas inaugurales de una partida del Crisol, e Immaru podía detectar cambios en la presión atmosférica debido al bombardeo de los guardianes dentro del recinto. Tras el brutal desenlace de la partida, la muchedumbre se dispersó. Unos pocos hinchas acérrimos esperaban cerca de la puerta para felicitar a los participantes. Pasado un tiempo, el escandaloso presentador del Crisol salió para saludar a sus seguidores. Cuando la multitud terminó de disolverse, Immaru se acercó flotando hasta el guardián de un solo cuerno. "Me encanta tu estilo, grandullón", comentó Immaru con entusiasmo. "Tengo amigos a los que les encantaría ese rollo tuyo a vida a muerte". Immaru sintió pestañear a Lord Shaxx bajo el yelmo mientras intentaba identificar la voz del Espectro. "Me alegro. ¡Tal vez tus amigos se unan a nosotros en el campo!". "Ah, ya has conocido a varios de ellos", contestó Immaru entre risas. "De hecho, tenéis mucho en común". Immaru alzó la voz imitando los atronadores comentarios del titán: "'Solo el más fuerte sobrevive', 'alíate con el dolor', 'la muerte forma parte del Crisol'. Todo eso es muy de su rollo. Se podría incluso considerar una filosofía". "Bueno, el Crisol es mucho más que violencia sin sentido", le explicó Shaxx con paciencia. "Va de honor y de juego limpio. Sacamos lo mejor los unos de los otros y superamos nuestras limitaciones". "Lo entiendo perfectamente", dijo Immaru mientras se reía para sus adentros de la estudiada retórica del titán. "El objetivo es ser lo más cortante posible. Es un arma de doble filo, ¿eh? Hay cierta… lógica en ello". "Me alegra que lo hayas pasado bien", contestó Shaxx mientras su resplandeciente colibrí se materializaba a su lado. "Pero recuerda que el Crisol no es solo combate y guardianes. Todos los ciudadanos dejamos nuestras diferencias a un lado y nos unimos. Incluidos los Espectros". Immaru pensó que le estaba guiñando un ojo. "Soy un gran aficionado", le dijo Immaru adulándolo. "Gracias por unir a tantos tipos de personas diferentes. Más de los que habría imaginado". "Muchas gracias por tu apoyo", gritó Shaxx por encima de la cacofonía del motor de su colibrí. "Espero veros a ti y a tus amigos de nuevo pronto. ¡Hasta la próxima!". El enorme guardián dirigió un breve saludo militar a su admirador y se marchó hacia la Ciudad a toda prisa. Immaru contempló al titán perderse en el horizonte. "Si eso aviva tus ganas de matar, coleguilla…", murmuró. El Espectro de la colmena volvió flotando a la Torre con fuerzas renovadas. Al menos ahora sabía qué veía la Reina Bruja en los humanos. Era posible que se dejasen convencer.