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Proceso

San-14 y Osiris estaban sentados a cada extremo de una rugosa mesa de madera, uno enfrente del otro, concentrados en la colección de cables, amortiguadores y bridas sobre la superficie. Mithrax había mencionado que su guantelete simbionte le entumecía el brazo, y a San le faltó tiempo para ofrecer su ayuda; llevaban toda la tarde intentado arreglarlo. Mithrax se había marchado varias horas antes con una educada disculpa, pero San y Osiris estaban tan metidos en una conversación sobre el pacto de Savathûn que ni se habían dado cuenta. "No tenemos elección", dijo Osiris mientras pasaba un cable por las cintas de un diminuto conversor de éter. "El futuro que el Testigo está creando al otro lado de ese portal es peor de lo que imaginábamos. Cualquier cosa es mejor que eso". "Cualquier cosa menos ella", refunfuñó San. "Incluso ella", insistió Osiris. "Si Savathûn sabe cómo seguir al Testigo —y no hay motivo para dudar de ella—, debemos trabajar juntos. No hay otra opción". San enderezó una fila de remaches metálicos con la característica precisión de un exo. "No sé cómo puedes decir eso. Después de todo lo que ha pasado". Osiris arqueó las cejas. "Soy un ejemplo de perdón", exclamó, pero las palabras se le atragantaron. "Entonces, ¿la perdonas?". San no tuvo ni que apartar la mirada de su tarea. "No", contestó Osiris en voz baja. Luego intentó encajar una anilla metálica en su correspondiente ranura esperando oír un clic que no se produjo. "Lo cierto es que apenas pienso en ella", dijo Osiris. San lo miró inexpresivamente, pero Osiris se encogió de hombros. "Sé cómo suena. He aceptado lo que pasó y supongo que… he pasado página. Estoy aquí, vivo, contigo. No hay mejor venganza que esa, ¿no?". San enroscó un muelle que se resistía a ceder y se preparó para introducirlo en un amortiguador de apoyo. "¿Es venganza permitir que una agresora no responda por sus actos?". "La 'agresora' está muerta", replicó Osiris irónicamente. "Y resucitará si Eris y los guardianes cumplen esta profecía o predicción". De un brinco, el muelle escapó de los dedos de San. "¡O como sea que Savathûn llame a este truco nuevo!". Osiris oyó caer el muelle en uno de los rincones cercanos a la cocina y, sin mediar palabra, se levantó a recogerlo. San se lamentó. "No sé cómo puedes estar tan tranquilo", comentó. "A veces actúas como si no te acordaras de lo que te hizo". "Lo recuerdo todo", dijo son suavidad, sin apartar la vista del rincón. "Recuerdo sentirme… desamparado". Las palabras se le atragantaban. San empujó la silla hacia atrás y se levantó, pero Osiris había vuelto a la mesa con el muelle lleno de polvo en la palma de la mano. "Sigo sintiendo la ira dentro de mí", dijo. "Probablemente me sienta así siempre. Lo acepto, pero no dejo que me consuma. Controlo esa ira; me da fuerza". Osiris colocó el muelle en la mesa y volvió a sentarse. San se puso a su lado. "Negar lo que sientes no te hace fuerte", dijo con prudencia. "Admito que, si pudiera, cambiaría lo ocurrido", señaló Osiris. "Pero no me lo plantearía si, al hacerlo, cambiara también el punto en el que me encuentro ahora mismo". Luego se giró y abrazó a San a la altura de las caderas. "¿Podemos dejar de hablar de esto ya?", preguntó Osiris. Podía oírse la fragilidad en su voz. San besó a Osiris en la cabeza y volvió a sentarse. Habría que conformarse con eso.