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Tras el corazón | Parte II

"El corazón…". Uldren considera la pregunta de su hermana. Al rato, sus recuerdos se vuelven confusos. Estaba corriendo por una arboleda espinosa, y las ramas y los pinchos le rasgaban las mejillas. Enormes frutos húmedos golpeaban sus hombros y detonaban en una pulpa demasiado madura. Frutos con forma de Espectros pesados e hinchados. Estaba agazapado con Jolyon bajo una densa telaraña, conteniendo el aliento, mientras fuera escuchaban voces discutir. El latido de su corazón… ¿era el latido de su corazón? ¿O el de otro? Estaba en un bloque de apartamentos. Eso lo recuerda. Estaba sentado en el cuarto de la colada, un sitio con un suelo de baldosas blancas y negras, viendo a sus cuervos dar vueltas y vueltas en la secadora, las plumas negras giraban, los picos repiqueteaban. En una bañera a su izquierda, una cabal grande y anciana se frotaba la espalda con un cepillo de alambre. Un goblin vex con la cara de Alis Li en el estómago estaba de pie tras el mostrador, vendiendo detergente. "Uldren", dijo, "tienes un agujero". La cabal asintió con un gruño. Él bajó los ojos para mirarse y tenía un agujero en la mano, negro y perfectamente redondo. A su secadora se le había acabado el tiempo, pero sus cuervos seguían mojados. "Uldren". Mara lo sacudía. Normalmente no tocaba a nadie. "¿Viste el corazón?". Parece la cosa más natural del mundo que un jardín tenga corazón. "Los vex infestan el lugar", dice él. "Les da algo que desean. Los hace… crecer hasta lo que quieren ser". "No has contestado a la pregunta", dice Mara fríamente. Es una observación totalmente sensata. Es la cosa más rara que Uldren le ha oído decir nunca. "Sea cual sea el corazón de ese lugar", dice, midiendo sus palabras, "es una semilla, creo, una semilla depositada para que crezca. Como un… un nodo de lumen. O…". La idea le impacta como un rayo. "O un cable trampa. Un cebo para atraer a los que buscan y destruyen lo que no entienden". Un cebo para guardianes. Un cebo, otro objetivo más en la recuperación del Viajero. "Te dije que nunca fueras allí", dice Mara. Le arden los ojos. Se ata la capa. "¿Sigues siendo mi vasallo?". "Hermana", dice él, "claro que sí". "Y sin embargo, me desafías". Sí, piensa Uldren. Sí, ¿no son lo mismo ambas cosas? ¿Cómo te va a importar algo que nunca te sorprende? De pronto, se siente totalmente solo.