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Jolyon

Cuando ve a Jolyon en el arsenal, la conciencia de su increíblemente desconsiderada y vergonzosa actitud provoca en Uldren un ahogado grito de horror. "Hola", le dice bruscamente. No está seguro de cómo disculparse. No ha hablado con Jolyon desde que volvieron del Jardín. No habló a la reina en favor de Jolyon ni lo elogió por su valor, ni siquiera le preguntó si dormía bien después de… después de todo. Se había olvidado de él. "Hola", dice Jolyon, sin levantar la mirada. "Ayer no estuviste en el campo de tiro". "Oh, no te hace falta ningún observador", dice Uldren, tratando de bromear. Pero suena sin gracia y despectivo. "He estado, eh…". Soñando. Tomando nota de sus sueños. Escudriñando febrilmente las bibliotecas originarias para poder confirmar que lo que su corazón desea tan desesperadamente que sea cierto. El futuro de los insomnes podría estar en ese Jardín. Hay una fuente de Luz en la Tierra, una baliza cegadora que no hará sino hacerse aún más brillante. Los insomnes no sobrevivirán, no tal como son; la visión de Mara y la verdad de sus orígenes se perderán, diluidas en la filosofía anodina de esos ideólogos nacidos en la Ciudad. Los guardianes matarán todo lo que se encuentren. ¿Y si el Jardín es la antítesis del Viajero? ¿Y si los insomnes pueden encontrar en ese Jardín un nuevo lugar de equilibrio, un equipotencial entre la Oscuridad y la Luz? A medida que la luz se hace más brillante, las sombras se vuelven más oscuras… Jolyon está diciendo algo. "Lo siento", gruñe Uldren, jugando con el revólver. "¿Qué decías?". "He dicho que deberíamos hablar sobre lo que pasó". "¡Sí!". Ahora se da cuenta del miedo que tenía a que Jolyon no viera la importancia del lugar. Repugnancia y temor, sí, respuestas naturales, pero debía ir más allá. "Sí, tenemos que dejar constancia de todas nuestras observaciones antes de que se dispersen. Debería haberte preguntado antes…". "Uldren, no quiero que nadie sepa lo que vimos". "Oh". Esto aviva una pequeña hoguera de calidez en su interior. "Por supuesto. Nadie más tiene que saberlo. Nuestros secretos compartidos, ¿no?". "Ojalá no recordara lo que vi", dice Jolyon, manoseando el percutor de su fusil. Cae al suelo con un sordo repique y se mete rodando bajo su banco. No va a por él. "Y yo no guardo secretos". Uldren piensa en esto un momento. La profunda verdad que hay en ello lo golpea como un viento frío. "No, ¿verdad?". Jolyon sabe exactamente dónde nació, en qué linaje. Sus capacidades como tirador son de dominio público. Como uno de los cuervos de Uldren, vuela en peligrosas misiones de vigilancia, pero no es un agente encubierto. Uldren lo sabe… todo sobre él. "¿Irás mañana al campo de tiro?", pregunta Jolyon con un tono demasiado despreocupado. "He pensado que podríamos vaciar unos cuantos cargadores". "Mañana, no", dice Uldren. "Tengo trabajo que hacer". Ya está intentando imaginar cómo reaccionaría Mara si intentara usar la Máquina del Oráculo en el Jardín. Las cosas que podría descubrir… las cosas que ella seguro que querrá saber…