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En el jardín

Uldren y Jolyon se acurrucan juntos, tiritando bajo un toldo de lenguas blancas. La lluvia cae a chorros. Uldren no logra determinar de dónde procede exactamente… ¿De algún punto de la neblina verde? Pero la lluvia cae y cae; y Jolyon y él levantan la cabeza para beber, aquí al fondo de una sima entre dos campos de flores, donde la superficie inmaculada del Jardín se divide en hedor tropical. "Aquí crece de todo", murmura Jolyon. "Mírate las uñas". Uldren examina su mano. Tiene una imagen espantosa de sus uñas desarrollándose en estrechos rizos curvados hacia abajo que vuelven sobre los dedos para completar un repugnante circuito hasta la raíz. Es horrible y al mismo tiempo maravilloso, de una forma transgresora, de una nueva forma que grita como un recién nacido. Le habla de cosas nuevas y secretas que ocurren aquí. "Están sucias", dice, "pero confío en que me perdonarás por ello. La lluvia no cesa. ¿Vamos?". "Sí". Jolyon se levanta agarrándose de un puñado de enredaderas. Tratan de enrollarse en su muñeca. Dientes diminutos con forma de letras sierran su piel. Se queda mirándolos, empieza a decir algo y saca el brazo de un tirón. "¿Estás bien?". "Por ahora", dice Jolyon entre dientes. "Por ahora". Descienden por todo el trecho de la sima, con neblina verde arremolinándose en lo alto, metidos hasta los tobillos en un compost húmedo de pétalos de flores y tierra negra fértil. Escarabajos anchos y planos con cuernos arqueados luchan en la tierra. Uldren pone uno boca arriba. El escarabajo no tiene interior: visto desde abajo, es solo un caparazón hueco. Jolyon arranca un helecho, y sus raíces son los hilos metálicos bifurcados de una tarjeta de circuitos. Cosas diminutas que se retuercen y tienen forma de microchips mojados trabajan en el suelo expuesto. "No me gusta este lugar", susurra Jolyon. "Deberíamos volver a la superficie…". Se refiere a la superficie del Jardín, los cuidados sectores de flores rojas que se extienden hasta una colina lejana. Pero el ambiente es demasiado vex por ahí arriba, piensa Uldren. Han estado aquí haciendo jardinería, removiendo la tierra, levantando muros, construyendo sus antiguas obras de piedra y luz. Tratando de domesticar este lugar. "Es la vida", respira. "Tienes razón, Jol. Aquí crece de todo…". No puede dejar que maten este lugar. No puede dejar que lo saqueen y lo echen abajo como todo lo demás que no encaja en los estrictos dogmas binarios de los guerreros zombis del Viajero. El entusiasmo se apodera de él y corre hacia delante, chapoteando en el barro, riéndose en voz alta. "Uldren", grita Jolyon detrás de él, "¿qué estás buscando?". "¡No lo sé!", exclama él en respuesta. "¡Eso es lo que resulta tan increíble! ¡No puedo saberlo!".