Martillo
13.
Orin cambia su maza de madera por un cañón calcinante robado y su piel desnuda por protecciones que ha encontrado por ahí. No le interesan los caídos, pero cuentan con buenas provisiones. Les da caza para poder acabar mejor con los señores de la guerra y se granjea enemigos alzados más astutos y veteranos que ella.
14.
La guardia peregrina la encuentra acorralada en un cañón cerrado, luchando sola y sin munición contra un grupo de seis mercenarios. Es una luchadora burda con una determinación absoluta e imperturbable, así que, cuando el grupo se dispone a ayudarla, no los reconoce como aliados y sopesa sus posibilidades. Entonces, alza su cañón calcinante descargado y lo emplea a modo de maza. ¿Una contra diecisiete? Habrá que intentarlo.
Más tarde, lo comentan entre risas con té suave y galletas de pan duro.
15.
Cuando la guardia la invita a unirse a ellos, la obsequian con un martillo de guerra. Mide lo mismo que ella. A lo largo del mango habían grabado la frase "YO SOY EL FINAL DE TODAS LAS COSAS" con una xilografía muy cuidada.
16.
Se encuentra con una joven con un tono de piel parecido al suyo.
"¿De dónde vienes?", le pregunta Orin con mirada fija y acercándose un poco demasiado. Le resulta imposible no hacerlo; los demás individuos de piel azul con los que se ha cruzado estaban muertos o no eran más que una figura lejana corriendo tras una nave reluciente.
La joven se aparta, asustada. "De las ruinas de Sinaloa".
"¿Hay más gente como tú allí?".
"No".
Al escuchar la pregunta, uno de sus amigos la aparta a un lado y apunta al cielo. "Tu gente está ahí arriba", dice. "Viven entre los asteroides".
"¿Por qué no están aquí?", pregunta, pero no obtiene respuesta.
17.
Adopta la rutina de la guardia peregrina durante décadas: erradicar señores de la guerra e invasores alienígenas, proteger a los ciudadanos mortales, guiar a los refugiados indigentes hasta un lugar seguro… El grupo crece y mengua con el tiempo, pero siguen siendo los vigilantes en la oscuridad, los escudos protectores vivientes, la escalera de la humanidad hacia el resurgimiento. Los discursos en torno a las fogatas son una práctica habitual y todos animan a Orin hasta que empieza a reconocer los elementos recurrentes en el heroísmo del autosacrificio.
Adora a sus líderes y amigos, y también su pequeña comunidad destartalada… pero nunca entró en sus planes convertirse en soldado ni en un símbolo. Todas las noches, cuando se congregan para cenar, siente la presión de una ansiedad claustrofóbica. Esas personas a las que tanto ama la tienen encadenada y no es capaz de explicarse su propio desasosiego. Cuando está sola, haciendo guardia por la noche, le cuenta a Gol que siente que es un monstruo. ¿Por qué no le gusta esto? ¿Por qué no quiere quedarse?