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Alzados

11. El día que su Espectro la revive, le pide que le dé un nombre y él se decanta por Orin. Él le pide lo mismo y ella lo llama Gol. Toma esa decisión por puro instinto, pues no sabría afirmar su etimología si alguien la ponía entre la espada y la pared. Gol le cuenta que hay un asentamiento a pocos días al este, que no tiene una senda trazada y que la tierra inhóspita suele estar vigilada por alienígenas errantes que intentarán matarlos. Orin mira a su alrededor mientras Gol habla. Los rodea un bosque joven y vivo, plagado de aves y nubes de insectos. Resulta imposible imaginarse que un alienígena mortífero pueda estar acechando en las cercanías. Pero Gol la encontró, y Gol conoce mejor el mundo que ella. Confía en él. Orin rebusca entre la hojarasca hasta que encuentra la rama caída de un árbol. "¿Nos será útil?", le pregunta mientras valora su peso. Gol gira las alas, perplejo. "Contra los alienígenas…", se explica ella. "Ah", responde, amable, fingiendo que sopesa la idea, "No, no creo. Tienen armas de fuego". "Entiendo", contesta sin entender nada. Entonces, empieza a arrancar las ramas pequeñas con el pie a modo de palanca. Pronto consigue una maza rudimentaria. Es pesada, lenta y no se rompe cuando la pone a prueba contra el tronco de un árbol. No sabe qué aspecto tienen los alienígenas. No sabe qué son las armas de fuego. Pero confía en Gol. Sin embargo, no puede evitar pensar que, si un alienígena la ataca y ella va armada con semejante palo, no tendrá problema alguno en partirle el cráneo. 12. Llegan al asentamiento. No hay más que ruinas y cenizas ardientes. A Gol le inquietan los "productos de fisión" y la "radiación aguda", de modo que Orin permanece alejada y analiza los restos. Un gato se mueve entre los escombros más alejados, intentando cazar ratones. Un estandarte andrajoso ondea con la brisa. Orin no ve nada más, así que ignora la advertencia de Gol y se acerca a observar. Encuentra cadáveres. Adultos, principalmente. También algunos niños. Hay casitas para animales grandes, pero no encuentra ninguno de gran tamaño entre los cadáveres. "¿Qué ha pasado?", pregunta, afligida por los desconocidos carbonizados. "¿Han sido los alienígenas?". "Lo dudo. Los caídos no acostumbran a utilizar armas nucleares. Destrozan el terreno. Puede que un señor de la guerra atacara este lugar por su ganado y luego detonara una bomba". "¿Por qué?". Gol se encoge de hombros balanceándose en el sitio. "¿Por qué no? No había nadie que los detuviera". Orin aprieta la maza con más fuerza. Siente náuseas. "¿Sabrías decir cuándo ha sucedido?". Gol hace sus cálculos. "No con exactitud. Imagino que hace menos de treintaiséis horas". "Debería haber caminado más rápido", murmulla, y se inclina para vomitar. "No hagas eso aquí", la interrumpe Gol con nerviosismo. "Ya basta, Orin. Basta. Te está afectando la radiación. Si enfermas aquí, morirás aquí, y entonces tendré que revivirte aquí y volverás a enfermar y morirás una y otra vez. Tienes que alejarte. Venga. Te dije que no vinieras por aquí".