Capítulo 8
Los colores del crepúsculo ya teñían el cielo más allá de la Última Ciudad cuando Glint se acercó a ver a Cuervo, apostado a las afueras de la Torre.
"¡Cuervo! ¡No vas a creerte lo que ha pasado hoy! Eido y yo estábamos hablando. Bueno, siempre hablamos mucho. Pero hoy ha sido sobre la Horda Decapitada, ¡y se le ha ocurrido la idea de escribir una historia de terror! Luego, iba a ponerse a escribir, pero al final no lo hizo. Bueno, lo hizo, ¡pero después de un té! Y luego tomamos…, bueno, más bien tomé prestada la Baraja de los Susurros de Eris. ¡Las cartas son increíbles! No me extraña que Eris…".
Glint se detuvo cuando vio que Cuervo seguía con la mirada las estelas que dejaba un escuadrón en la distancia. El Espectro flotó hasta su rostro y le rozó la mejilla; sorprendido, el cazador dio un respingo.
"¡Glint! Ah, no te había visto. ¿Has… dicho algo?", preguntó Cuervo.
"Solo que… estoy aquí. Por si quieres hablar".
Glint se apoyó en el hombro de su guardián y Cuervo acarició la carcasa del pequeño Espectro.