Capítulo 3
Tras varias arduas intentonas y una magistral interpretación dramática ante un Espectro increíblemente crédulo, Immaru al fin logró agenciarse una nueva carcasa restrictiva. Gracias al último de sus disfraces, fisgoneó por pasillos, hangares y talleres, escaneando todo lo que encontraba a su paso hasta llegar al patio. Allí se ocultó flotando entre las nudosas ramas de un árbol gigante, casi invisible entre los coloridos faroles que lo adornaban.
Observó a guardianes meditar entre cirios, sus llamas meciéndose con la brisa. Otros, vestidos de insectos y arácnidos, bailaban alegremente o jugaban a intentar morder manzanas, flanqueados por un par de guardianes "galopando" con cáscaras de coco.
Entre el frenesí de disfraces y máscaras, el Espectro finalmente reparó en un grupo de personas que compartían pequeños objetos envueltos en papel. Con cautela, Immaru se acercó flotando a la base del árbol para ver mejor.
"Lárgate, colega. Yo he visto primero esos caramelos", dijo con desprecio una voz detrás de él.