Capítulo 21
El anochecer nunca era demasiado oscuro cuando la Última Ciudad celebraba la Fiesta de las Almas Perdidas. Los faroles proyectaban un mosaico de tonos pastel sobre las personas; las velas iluminaban sus ofrendas a los difuntos.
Un cazador solitario deambulaba entre los altares conmemorativos, parándose a admirar cada uno de ellos. A veces tenían flores; otras veces, comida. En algunos había abalorios o notas de recuerdo y cariño escritas a mano. Fotos, dibujos de niños.
Vio a una madre elixni colocar un delicado retal de ovotela y entonces, sin previo aviso, se arrodilló junto a ella. Sintió la cera del cirio lavanda en su mano, con el pabilo aún limpio y brillante. Cuando se dispuso a encenderlo para colocarlo entre las ofrendas…
Se detuvo.
La expresión del cazador era cálida y amable mientras le tendía el cirio a la madre elixni.
"Para tu pequeño", dijo sin más. Ella dudó, y luego le dio las gracias en su idioma.
El cazador se levantó abruptamente y prosiguió su camino hacia la Torre, cruzando el bazar y entrando en el patio. Hasta que, finalmente, levantó la mirada y se dio cuenta de que… estaba en el único sitio en el que detestaba estar.