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Capítulo 22

Había muchos altares conmemorativos en el taller de Amanda. Tantos que a Zavala le resultaba imposible contarlos todos. Los apartó a un lado para evaluar los daños causados por la embestida protagonizada por Coronel en la Torre ese mismo día. "Cuántas plumas", susurró. Retiró una lona que cubría las pertenencias de Amanda para recoger los trozos de vela rotos que había debajo. Un recipiente con tuercas y tornillos se cayó de una mesa de trabajo. Zavala se maldijo y se apresuró a recogerlos antes de que terminaran rodando por todas partes. Decidió guardarlos en un cajón para que no se perdieran, y sus dedos rozaron un trozo de papel. Lo abrió. Un colorido dibujo. No de naves ni de aventuras, sino de un enorme titán azul y una niña sonriente. Se le llenaron los ojos de lágrimas y se acercó el dibujo al pecho. "¿No puedes dormir?", pregunto una voz sigilosa. Zavala levantó la mirada y vio a Cuervo delante de él. "Supongo que podría preguntarte lo mismo", contestó Zavala. "¿Quieres compañía?". Zavala asintió y se guardó el dibujo en el bolsillo con delicadeza. Inspeccionó la mesa de trabajo descubierta. Contempló la taza de café medio llena. El guante de soldar desparejado. Las tablas de datos y los planos, los trapos y las herramientas. "Siempre supe que tendría que… hacerlo en algún momento. Supongo que esta noche es tan buena como cualquier otra", dijo Zavala. Cogió una llave inglesa con delicadeza. "Tengo que encontrarles un buen hogar a sus herramientas. Dárselas a alguien a quien realmente le vengan bien". Cuervo sonrío levemente. "Creo que conozco a alguien".