III. Renacido de los huesos
Kelgorath, caballero campeón de la muerte, se arrodilla ante su santuario de huesos en las profundidades neblinosas del Plano Ascendente. El fuego de alma desaparece bajo el suelo que lo rodea. Apoya la frente en el santuario y emborrona un reciente sello sangriento de Xivu Arath. Ya había añadido muchas capas, pero esta es la primera con su propia sangre. Lo hace para demostrar su devoción, rechazar a la hermana hereje y renovar su compromiso con la guerra.
El cielo del Plano Ascendente se agita. Él respira profundamente. Es su primer aliento de esta vida. Mira el santuario; todos los rivales derrotados, pulverizados y esparcidos entre cráneos para fijarlos en su sitio. El santuario está decorado con baratijas de alguna conquista y viejas armas desgastadas.
Mira la decoración y se prepara para enfrentarse a su rival.
Un Espectro vacío cuyo núcleo había entregado a las Magas Escarlata que habían desertado. Su guardián lo había derrotado muchas veces, pero él es Kelgorath y renace en la batalla. Ningún guardián puede escapar, pues son heraldos de la muerte y esa es su especialidad.
Se fija en otra conquista: implantes de cristal arrancados de la frente de una técnida insomne. La persiguió de una línea ley a otra durante tres días, siguiendo siempre el hedor de su miedo. Cuando la encontró, ella descargó el Plano Ascendente sobre él. No cayó dos veces en esa trampa.
Con su siguiente vida, volvió a encontrarla. Las últimas palabras de la técnida recorrieron su pensamiento: "Todavía veo las motas escarlata en tu quitina. Qué rápido abandonas a tu Reina Bruja".
Kelgorath recuerda la noche en que renunció a Savathûn. Fue la noche en que se arrancó el escarlata de su carne en los catres dentados de las profundidades de la Boca del Infierno. La noche en que Osiris masacró a toda la familia de Crota. Savathûn se mostró débil al permitir esas muertes y ceder terreno al Celebrante y a los guardianes, pero Xivu Arath los vengó y le arrebató la Luz a Osiris. Kelgorath bebió de ella y juró venganza.
Quería demostrar su lealtad y eliminar todo rastro de la hermana hereje. Hurdru, su adversario, era un caballero que seguía fiel a Savathûn y tenía la intención de usarlo para dar ejemplo. En la batalla, Kelgorath iba a aceptar a la nueva diosa. Con la sangre, iba a borrar el nombre de Savathûn y a sustituirlo por el de Xivu Arath.
Se levanta. Hace una reverencia. Coge el cuchillo y el escudo que llevará hasta el final. "Hurdru", susurra a los huesos.
Esta noche, se purificará en la muerte.