V. Mecha quemada
"Los últimos informes de San están… desorganizados", dice Zavala con un suspiro.
Ikora asiente desde el otro lado de la oficina. Tiene los brazos cruzados firmemente sobre el pecho. "Ha sufrido interminables batallas para mantenernos a salvo. Luego, viene a la Torre y se permite bajar la guardia, se preocupa por alguien, y le hacen daño".
Hace una mueca de dolor. "Mucho daño".
Zavala se acomoda en su silla y coloca sus grandes manos sobre el escritorio. Sus palmas conocen de memoria cada muesca y cada surco de la superficie de esa mesa. "Quiero darle su espacio, pero no sé qué más hacer. No sé si de verdad cree que el verdadero Osiris está escondido en algún lugar, pero él está ahí igualmente porque necesita hacer algo".
"Es comprensible", dice Ikora. "Eso es lo que debería haber hecho yo. Ver aquellas cosas que mis Encubiertos no podían ver. Debería haber estado ahí, en el campo, encargándome de todo".
"Pero, en lugar de eso, he estado perdiendo el tiempo en la Torre, a la espera de un ataque", dice con tristeza.
Zavala la mira y frunce el ceño. "No es propio de ti cuestionar tus acciones".
Ikora aprieta los dientes con fuerza y sus ojos brillan con un resplandor amargo. "Tal vez debería cuestionarme más". Su voz suena frágil. "Yo traje a Osiris y a Savathûn a nuestro hogar".
"Sí, y también trajiste a Mithrax y a la Casa de la Luz", añade Zavala.
Ikora baja la mirada. "También ha muerto gente por eso".
Zavala se pone en pie y ella retrocede: no quiere que la consuelen. Él se apoya en su escritorio y un silencio cargado de paciencia se apodera de la sala.
Finalmente, Ikora deja caer los brazos y mira a Zavala con una expresión de confusión más que de preocupación.
"Hace años que no te oía hablar así", dice él.
La frustración empieza a apoderarse de ella. "Lo miré a los ojos y no me di cuenta".
"Ni yo. Nadie se dio cuenta".
Zavala parece casi sereno, y esa serenidad enfurece tanto a Ikora que le habría gustado lanzarle una Bomba nova.
"Mira", dice. "Hemos vencido a los cabal en su territorio. Hemos ido tras los pasos de la colmena hasta sus Planos Ascendentes. Hemos seguido a los vex hasta las profundidades de su red. La diosa del engaño nos ha engañado y hemos luchado contra la diosa de la guerra".
Zavala hace una mueca siniestra. "Cuando nos enfrentamos a los dioses, luchamos con sus condiciones. Eso significa que nos llevamos el primer golpe. No podemos elegir cuándo, pero podemos asegurarnos de que somos nosotros los que sobrevivimos".
Zavala vuelve a sentarse y aparta un fajo de papeles, como poniendo un punto final. Ikora junta las manos a la espalda y respira profundamente.
"Lo ayudaré tanto como pueda", dice. "Compartiré toda la información que tengo sobre Osiris y todo lo que hemos descubierto sobre Cuervo gracias a mis Encubiertos. Si Savathûn ha dejado algún rastro, lo encontraré".
"Sé que lo harás", dice Zavala.
Ikora acepta el calor de sus palabras. "Ojalá supiera cómo traerlo de vuelta", murmura.
"¿A San o a Osiris?", pregunta Zavala.
Por toda respuesta, solo suena el frufrú de la túnica de Ikora mientras sale de la oficina a paso decidido.