Reserva de Pine Ridge, Dakota Del Sur, 1960
Tengo 35 años y me muero de calor. Es verano en Dakota del Sur. El sol cuelga del cielo como un hombre en el patíbulo. Estoy en la cubierta de un portaaviones que ha aparecido en un barranco solitario.
Una comandante me saluda.
"¿Viene de parte del director Moffat?", pregunta.
"Sí". Le ofrezco la mano. "Lingüística y Comunicaciones Refutables".
"¿CR? El personal de oficina no suele hacer trabajo de campo".
"No es mi primera vez, comandante", respondo. "La sigo".
Atravesamos la cubierta hasta un montacargas donde se pudre el cadáver de un Hellcat. Ella pulsa el botón para bajar en el montacargas mientras yo me quito las gafas y me pongo la máscara protectora.
La sigo hasta las profundidades del barco. Oigo murmullos en algún lugar, más adelante. Alguien gime en la oscuridad. Cuando la comandante enciende una linterna para iluminar el pasillo, pueden verse partículas flotando en el aire.
Seguimos las voces. Oigo dos o tres, y una me resulta familiar. No espero y salgo corriendo en dirección a la voz de mi hermano.
Ben se ha fusionado con la pared. Tiene una vía de suero en el brazo libre. El izquierdo está dentro del mamparo metálico junto con la mitad inferior de su cuerpo. Le están atendiendo dos médicos. No puede ser mi hermano. Ben se estará tomando una cerveza en el establo mientras cepilla a los caballos. Me paro un momento e intento recuperar la compostura.
"Soy el agente Yero", me presento. Tengo la boca tan seca que me da tos. Debo mantener las distancias. No es él. "¿Cómo se llama, teniente?".
"El mundo es un pañuelo", dice Ben. "Nos apellidamos igual". No me reconoce con la máscara protectora puesta. Recorre la sala con ojos perdidos y vidriosos. "Un pañuelo muy pequeño. ¿Dónde estoy?".
"En Dakota del Sur".
"Muy lejos del Pacífico".
"¿Es ahí donde estabas?".
"Sí, a tres días de Formosa. Íbamos a darles una buena tunda a los de Mao".
"¿Cómo has llegado hasta aquí?".
"Poniendo un pie delante del otro", bromea Ben.
"¿Qué barco es este?".
"El Hornet CV-8. Una maravilla". Su mirada va de un lado a otro. "¿Eres militar? Ese traje no te pega".
"Cuerpo Aéreo del Ejército. Pilotaba un B-17. Luego, un F-5 en la operación Market Garden".
"Mi hermano murió en un B-17", dice Junior.
"Lo siento, teniente". Tomo nota de que, en su mundo, estoy muerto. "¿Te suena de algo la palabra 'Asunción'?".
Se le borra de la cara la sonrisita inducida por los analgésicos.
"¿Quién eres?".
"Por favor, teniente, no nos queda mucho tiempo".
"Allí vi al diablo", afirma Ben. "Se me acercó y me dio un beso. Me dijo que viviría 80 años. No voy a morir aquí. Me lo dijo el Diablo".
Puedo oler el carbón. Puede que mi Ben lo viera primero, pero me eligió a mí.
Él solo vio el amanecer. Yo vi el sol.
"Dadme más", gruñe Ben.
Los médicos miran a la comandante, cuyos ojos están clavados en mí. Asiento; ya he terminado.
La comandante vuelve a buscarme al campamento. La cabeza me da vueltas.
"Ha muerto", dice. "Diez minutos después de que salieras". Suelta una carpeta sobre mi escritorio plegable. "Lo has hecho muy bien. Las apariciones de familiares son duras".
"Ese no era mi hermano", contesto.
"Un doble, como durante el brote del 59".
"No", contesto. "El CV-8 se hundió en el 43, y Ben nunca ha estado en Formosa". Me masajeo la nuca. La cabeza me va a estallar. Empiezo a ver borroso por el lado izquierdo. "Esto es otra cosa. Quizá un… tulpa".
"Pero sabía lo que le preguntabas, ¿no? ¿'Asunción'?".
Ahora siento náuseas. "Es una ciudad, Assumption. De pequeños, Ben y yo vimos algo allí. Es un punto focal en el tiempo. La materia es constante, es decir, se repite; y el tiempo sucede en paralelo. En Comunicaciones Refutables, investigamos el significado de esos puntos fijos. Creemos que tienen… un significado externo".
"¿Alienígenas?".
"Puede ser. O fantasmas, u otros tiempos o realidades". Me inclino sobre el escritorio y cierro los ojos. "Necesito una constante que me ayude a procesar los fenómenos. Ben es mi constante. Lo conozco, y ese no era Ben". Sigue vivo, en alguna otra parte.
"¿Y qué era?".
"Quiralidad, variegación… No estoy seguro. Depende de desde dónde lo observe", respondo y, durante un instante, siento que tengo billones de años. Me inunda el conocimiento, y luego se deshace. Lo olvido casi todo. Veo lo que va a suceder a continuación.
"Comandante", exclamo, "la papelera, por favor. Creo que voy a vomitar".