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Escriba de Gensym

Asher Mir está de pie, mirándose al espejo. No lleva camiseta. Con la mano que todavía siente, se toca el hombro insensible. Toca con las uñas el metal rígido que hay ahí, luego baja hacia la clavícula. El borde entre el metal y la piel no es uniforme ni pulcro: el metal da paso a un recubrimiento de piel dura y queratinizada que se arruga, sobresale y se parte como si fuese una serpiente mudando la piel. La piel queratinizada da paso a callos endurecidos, feos, con hematomas y venas marcadas. Extiende la mano contra su pecho y la mantiene ahí, como si, al cubrirlo, lo hiciera desaparecer. Entonces, con gran esfuerzo, deja caer su mano y se obliga a mirar durante un largo rato. ¿Qué pasará, se pregunta, cuando la maquinoformación llegue a sus pulmones? Ya le duele al toser. "Deberías ir al Arrecife". Asher toma aire entre los dientes y agarra su camisa. Se la pone y luego se da la vuelta para encontrarse con Ikora Rey, que está apoyada en la puerta. "Una intrusión imperdonable", le suelta. "Anúnciate claramente cuando te acerques. Y programa eso a lo que llamas 'visitas' con antelación. No te esperaba". Ikora intercambia una rápida mirada con Ofiuco, luego prosigue, "Tyra cree que Ives o algún otro criptarca del Arrecife podría servir de ayuda". "Una pérdida de tiempo. Los criptarcas están absortos en teorías improductivas. La respuesta a mi problema está aquí, con los vex". "Si es así, ¿por qué no viniste conmigo a ver a Osiris?" Asher trata de ponerse sus ropajes, abrochando los botones y anudando los lazos tan deprisa que varios se desalinean. "Porque es un mago inútil y egocéntrico". Ikora arquea una ceja y espera. Asher habla con desprecio mientras se pasa ambas manos por la barriga, intentando arreglar su figura. "Esa es tu opinión y la respeto, pero no tengo que aceptarla". "Las técnidas, entonces. Mis Encubiertos dicen…". Asher se pone tenso. Levanta la cabeza rápidamente. "¡Tus Encubiertos!", ruge mientras lágrimas se le agolpan en los ojos. "¡Tus Encubiertos no saben nada sobre esta enfermedad! Las brujas de la reina, si todavía siguen con vida, no saben nada sobre esta enfermedad. ¡Nadie puede detenerla! ¡Estoy empezando a creer que ni siquiera tiene sentido intentarlo!".